El VIII Mandato del CGCEE: el mandato del cambio impulsado por mujeres

OPINIÓN

Entre las mujeres del Consejo, dos figuras destacan por su contraste generacional y por la fuerza simbólica de su presencia: Maite Michelón, histórica consejera del CRE de Buenos Aires, y Violeta Alonso Peláez, una de las incorporaciones más dinámicas y visibles del mandato y primera mujer al mando del CGCEE

Por la izquierda Violeta Alonso, Maite Michelón y Elena Bernardo
Por la izquierda Violeta Alonso, Maite Michelón y Elena Bernardo | La Región Internacional

El VIII Mandato del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior (CGCEE), que tuvo su cierre el pasado 27 de mayo en Madrid, va a pasar sin ninguna duda a la historia de esta institución como un periodo de transformación profunda y con grandes avances.

No solo cambiaron las formas de trabajar e interactuar dentro de las comisiones, sino que además se unieron reformas internas, creando nuevas comisiones y renombrando otras. 

Por primera vez parece que llegó para quedarse una intensa actividad institucional desplegada, llegando donde no llegábamos antes y todo ello ha sido gracias al papel decisivo que ha venido de la mano de un Consejo mucho más inclusivo y con un mayor liderazgo por parte de las mujeres Consejeras Generales que han influido en la definición de prioridades, la elaboración de propuestas con perspectiva de género y en la interlocución política con las instituciones del Estado.

Por fin se está llegando a una representación más paritaria después de mandatos en los que el número de hombres llegaba a triplicar el de mujeres.

Entre las mujeres del Consejo, dos figuras destacan por su contraste generacional y por la fuerza simbólica de su presencia: Maite Michelón, histórica consejera del CRE de Buenos Aires, y Violeta Alonso Peláez, una de las incorporaciones más dinámicas y visibles del mandato y primera mujer al mando del CGCEE.

Maite Michelón: la memoria viva del Consejo

A punto de cumplir 90 años, Maite Michelón se despide del CGCEE como una de las voces más longevas y respetadas de la representación exterior. Su trayectoria es, en sí misma, un archivo viviente de la emigración española: décadas de reuniones, informes, debates y reivindicaciones que han acompañado la evolución del Consejo desde sus primeras etapas hasta su configuración actual.

Yo cuando llegué al Consejo lamenté el no haber podido coincidir en esta institución con dos referentes como son Ángel Capellán y Maite Michelon…por suerte Maite pudo unirse a mitad del VII Mandato para ocupar el vacante asiento de la Federación de Sociedades Españolas en Argentina (FEDESPA).

Michelón ha sido testigo directo de los grandes hitos de la ciudadanía española en el exterior: la lucha por el voto, la consolidación de los CRE, la ampliación de derechos sociales, la visibilización de las mujeres emigrantes y la incorporación de nuevas generaciones nacidas fuera de España. 

Su presencia en el VIII Mandato aportó una perspectiva histórica imprescindible, recordando en cada sesión que el CGCEE es una institución construida sobre el esfuerzo de quienes dedicaron su vida a la defensa de la emigración.

Su figura representa la continuidad, la memoria y la resistencia por parte de una generación que se vio obligada a salir de España con unas condiciones que distan mucho de la manera en la que muchos emigramos. Su salida marca el cierre de una etapa que se enlaza, de manera casi simbólica, con la irrupción de una nueva generación de consejeras.

Violeta Alonso Peláez: una llegada meteórica que redefine el ritmo del Consejo

En una línea generacional posterior aparece Violeta Alonso Peláez, cuya llegada al CGCEE ha sido la clave transformadora del mandato. Su incorporación supuso un cambio de ritmo: más reuniones, más informes, más interlocución política y una visión renovada sobre igualdad, juventud y modernización institucional.

Alonso Peláez ha sido parte del trabajo de todas las comisiones y ha empujado por un cambio que refleja la ampliación de enfoque y la voluntad de integrar nuevas realidades sociales. Su capacidad de trabajo, su claridad argumental y su habilidad para conectar con actores institucionales han sido claves en la proyección del CGCEE durante este periodo.

Aparte de las reuniones con comisiones del Congreso, del Senado y la Moncloa, su presencia ha sido constante. Allí donde se necesitaba una interlocutora firme, ella estuvo. Allí donde se requería un informe sólido, ella lo impulsó. Allí donde hacía falta tender puentes, ella los construyó.

Su papel no solo ha sido técnico: ha sido político en el sentido más amplio del término. Ha contribuido a situar la igualdad como eje transversal del mandato y a reforzar la legitimidad del Consejo como actor institucional.

Un mandato marcado por la actividad institucional

El VIII Mandato se ha caracterizado por una agenda política especialmente intensa. Las reuniones mantenidas con el Congreso de los Diputados, el Senado y la Moncloa han sido numerosas y estratégicas. En ellas se han abordado cuestiones como la Ley de Memoria Democrática, la participación electoral de los españoles en el exterior, la mejora de los servicios consulares, la igualdad de género en la representación y la defensa de la mujer, el retorno y la movilidad, la digitalización de trámites o la protección social y laboral por nombrar unos cuantos temas en una lista interminable.

Cada encuentro ha requerido preparación técnica, coordinación interna y elaboración de informes detallados. Las Comisiones delegadas así como la nueva Comisión de Asuntos Jurídicos han sido muy productivas en este sentido, generando documentos que han servido de base para debates parlamentarios y propuestas ministeriales.

Estos informes no se han quedado en papel: han sido utilizados por instituciones, grupos parlamentarios y organizaciones sociales, consolidando al CGCEE como un interlocutor técnico y político de referencia.

Transición generacional: del legado a la renovación

El contraste entre Maite Michelón y Violeta Alonso Peláez, sus experiencias como migrantes de diferentes épocas se complementan y refuerzan la necesidad de tratar la emigración de nuestras mujeres desde un ángulo diferente en el que se consideren las dificultades, obstáculos y discriminaciones que sufren y que exigen un mayor esfuerzo por parte del CGCEE. No muestran polos opuestos de esta realidad, sino una transición. Representan dos momentos históricos del Consejo: el de quienes lo construyeron desde cero y el de quienes lo están proyectando hacia el futuro.

Maite simboliza la memoria, la constancia y la lucha de décadas y Violeta encarna la renovación, la energía y la visión contemporánea.

Juntas representan el espíritu del VIII Mandato: un equilibrio entre respeto al pasado y apuesta por el futuro.

El mandato del cambio

El VIII Mandato será recordado como el mandato del cambio. Un cambio impulsado por mujeres que han sabido combinar experiencia y renovación, memoria y modernidad, continuidad y transformación.

Ha sido un mandato en el que la igualdad se convirtió en un eje central con una representación femenina que alcanzó niveles históricos.

El trabajo político se intensificó y nos llegaron nuevos estatutos y reglamentos que próximamente se aprobarán y eso es gracias a la confianza que hemos ofrecido a las instituciones con unos informes profesionalizados y de calidad que mejoraron los borradores de los textos que nos llegaban…el Consejo ha logrado reforzar su presencia institucional.

EL cierre del mandato ha dejado dos nombres, separados por más de cinco décadas de vida, que han simbolizado el tránsito entre lo que el CGCEE ha sido y lo que está empezando a ser.

Maite Michelón deja el Consejo a las puertas de los 90 años, como figura histórica.

Violeta Alonso Peláez llega con fuerza, como parte de la nueva generación que toma el relevo.

El VIII Mandato no ha sido solo un periodo de trabajo: ha sido un punto de inflexión.

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