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¿Una alianza estratégica de largo plazo entre China y Reino Unido?
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China y Reino Unido construirán "una alianza estratégica y de largo plazo", según lo acordado entre el primer ministro británico, Keir Starmer, y el presidente chino, Xi Jinping, durante una reunión en Pekín en el marco de la primera visita institucional de estas características desde 2018.
En un contexto marcado por la desconfianza de Downing Street hacia el país asiático en relación a prácticas de espionaje, así como por otras diferencias políticas, este viaje contribuye a engrasar las relaciones de la isla europea —cuya economía no atraviesa su mejor momento— con la segunda potencia mundial, interesada en los mercados del viejo continente.
"El crecimiento a nivel nacional está directamente relacionado con nuestro compromiso con las mayores potencias del mundo", ha trasladado el premier de Reino Unido al término de la reunión con Xi, para reafirmar, al igual que el presidente de China, "el compromiso compartido de construir una alianza estratégica a largo plazo que beneficie a ambos países".
Es más, tal y como detalla la agencia de noticias oficial, Xi ha plasmado su interés específico en una cooperación "mutuamente beneficiosa" en áreas como la educación, la salud, las finanzas y los servicios; así como en llevar a cabo investigaciones en los campos de la inteligencia artificial, la biociencia, las nuevas energías y las tecnologías bajas en carbono.
Como avanzó La Región Internacional, la reunión ha servido a Starmer para apoyar en su expansión a varios grandes empresarios británicos (como los responsables de los bancos HSBC y Standard Chartered, la consultora KPMG o la empresa de ingeniería Arup); mientras Pekín se ha centrado en los campos más innovadores, donde sus aliados políticos tradicionales no cuentan con un gran desarrollo.
En este escenario, ambos países han acordado analizar la posibilidad de cerrar un acuerdo bilateral en materia de servicios, pues Reino Unido es el segundo mayor exportador mundial en este sector y la demanda china al respecto está creciendo.
En concreto, según la información facilitada por el gobierno británico, la previsión es que, entre 2023 y 2035, las importaciones chinas de servicios profesionales y empresariales crezcan un 121%, por un 71% las de servicios financieros un 71% y un 78% las de servicios digitales.
Se trata de uno de los diez acuerdos alcanzados, entre otros de menor entidad como la cooperación en materia de delincuencia organizada e inmigración ilegal, industrias deportivas, formación profesional, seguridad alimentaria o salud.
Otro de los pasos dados hoy en esa estrategia de deshielo entre China y Reino Unido, en plena crisis por el veto a Huawei en las redes británicas de 5G a partir de 2027, Xi ha avanzado que estudia otorgar una exención unilateral de visa a los británicos después de pedir a Londres "un entorno empresarial igualitario, justo y no discriminatorio para las empresas chinas".
A respecto de la supresión del visado, el gobierno británico ya ha detallado en un comunicado que este requisito desaparecerá cuando se trate de viajes de menos de 30 días, de modo que una visita turística o de negocios a China requerirá menos trámites.
Más allá de la clave económica, Starmer y Xi han mantenido "un diálogo franco y abierto" sobre sus discrepancias políticas, en palabras del británico, mientras el chino ha apostado por "trascender las diferencias y mantener el respeto mutuo".
De este modo, el gigante asiático aspira a limar las críticas de Europa sobre su política interna, así como reducir la distancia que le separa del continente debido a su apoyo a Rusia en la invasión de Ucrania.
Sin citar el conflicto bélico que afecta a la frontera este del continente europeo, Xi sí ha reivindicado el compromiso de su país con "la paz y la estabilidad mundiales", hasta el punto —ha dicho— que "nunca ha iniciado una guerra ni ha ocupado ni un centímetro de territorio extranjero". "China nunca representará una amenaza para otros países, sin importar cuánto crezca y se desarrolle", ha garantizado.
Al hilo de ello, ha apostado por que Reino Unido se sume a su apuesta por construir "un mundo multipolar igualitario y ordenado" que derive en "una globalización universalmente beneficiosa e inclusiva" a través de un sistema de gobernanza global "más justo y equitativo".
Y es que, ha subrayado, "el derecho internacional solo puede ser verdaderamente eficaz cuando todos los países, en particular los grandes países, lo respetan". "De lo contrario, el mundo correría el riesgo de retroceder a la ley de la selva", ha sostenido el mandatario asiático, apenas unos días después de que el Trump anunciase la imposición de unos aranceles del 100% a Canadá por pactar con China en materia de coches eléctricos y productos agroalimentarios.
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