La visita de Starmer a China: entre la oportunidad de abrir relaciones y el riesgo de irritar a Trump

visita de estado

El premier británico se verá con el presidente Xi acompañado de una docena de empresas de finanzas y automóviles; un acercamiento a Pekín que puede conllevar una ruptura con Washington

Publicado: 27 ene 2026 - 13:35 Actualizado: 27 ene 2026 - 13:53
El primer ministro británico, Keir Starmer
El primer ministro británico, Keir Starmer

Keir Starmer emprende mañana el primer viaje de un premier británico a China en ocho años. Y lo hace en un momento complicado, tanto por la desconfianza que preside las relaciones entre Londres y Pekín como por el contexto internacional que rodea la visita.

Y es que la visita se produce tras unas semanas turbulentas en las conversaciones entre ambos países, especialmente a raíz del traslado de la embajada china en Londres. El megaproyecto, paralizado debido a la advertencia de los servicios de inteligencia británicos sobre riesgos de espionaje dada su ubicación estratégica junto a redes de comunicación sensibles, fue finalmente desbloqueado ante la presión de las autoridades del gigante asiático.

Pero si esa decisión parecía despejar el camino para el viaje de Starmer, el diario The Telegraph acaba de publicar que altos funcionarios del gobierno británico han tenido durante años sus móviles pirateados desde China. La desconfianza existente en Downing Street ya le había llevado a tomar medidas contra el uso de la tecnología Huawei —una compañía que se ha vinculado con el Partido Comunista chino—, hasta el punto de que su presencia en las redes 5G del país estará vetada a partir del año próximo.

Por tanto, la visita de Starmer a China tiene como objetivo reducir la brecha existente entre ambos países. Allí será recibido por su homólogo, Li Qiang, y por el presidente Xi Jinping, y la estancia le servirá para engrasar las relaciones comerciales con la segunda economía más grande del mundo.

Clave económica

En un contexto en el que, un año y medio después del ascenso de Starmer, la economía británica no acaba de despegar, el interés de Reino Unido por afianzar acuerdos con el gigante asiático. Para ello, le acompaña una docena de grandes empresarios de su país, especialmente de los sectores financiero y de la automoción.

China, por su parte, también ha mostrado su interés en que esta visita del laborista británico a Pekín y Shanghái permita una cooperación "práctica" entre los dos países. Se trata, por tanto, de limar la postura que Europa en general mantiene sobre la política interna china y de mantener abierto ese mercado; así como de buscar vías de colaboración en los campos más innovadores, donde sus aliados políticos tradicionales no cuentan con un gran desarrollo.

Hoy mismo, el presidente Xi ha recibido al primer ministro de Finlandia, Petteri Orpo, ante quien ha apelado a que las empresas nórdicas "naveguen libremente en el vasto océano del mercado chino" para aumentar su competitividad global y, particularmente, se ha centrado en cuestiones como "la transición energética, la economía circular, las industrias agrícola y forestal y la innovación científica y tecnológica".

Relación con Estados Unidos

Este acercamiento a Pekín, no obstante, conlleva el riesgo de una ruptura con Washington. El reciente acuerdo entre Canadá y China para reducirse mutuamente los aranceles en coches eléctricos y productos agroalimentarios ha despertado la ira de Trump, que ya amenazó a su país vecino con aumentar sus tasas comerciales un 100% en caso de que ratifique ese pacto.

En el caso de la relación entre Estados Unidos y Reino Unido, mantienen un acuerdo con aranceles reducidos en la industria de automoción, en productos agrícolas y medicamentos, pero también sufren importantes distorsiones, agudizadas por los comentarios del inquilino de la Casa Blanca sobre el papel de los ejércitos europeos en Afganistán o por sus ambiciones sobre la isla danesa de Groenlandia.

Además, el neoyorquino ha cuestionado recientemente en público la decisión de Reino Unido de "ceder" a Mauricio la isla de Diego García, lo que ha considerado "un acto de gran estupidez" por parte de Starmer.

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