Por fin los hórreos del norte de España han sido declarados Patrimonio Cultural Inmaterial, pero ¿llega a tiempo esta protección?

RECONOCIMIENTO

En numerosos lugares del norte peninsular, muchas de estas construcciones ya se han perdido, otras están derruidas o cubiertas por la maleza, auténticas joyas de nuestro patrimonio olvidadas

Panera asturiana con más de 200 años de antitgüedad situado en localidad llanisca de La Galguera
Panera asturiana con más de 200 años de antitgüedad situado en localidad llanisca de La Galguera | La Región Internacional

El Consejo de Ministros ha aprobado la declaración de los hórreos del norte de la península ibérica como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, un reconocimiento que sitúa a estas construcciones tradicionales en el lugar que reclamaban desde hace años. La medida, según el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, supone un paso decisivo para proteger no solo su estructura, sino también su valor simbólico.

Según la declaración los hórreos son “arquitecturas populares diseñadas para guardar las cosechas y alimentos y ponerlas a salvo de los animales”, pero su relevancia trasciende esa función. El Ejecutivo destaca que constituyen “un vínculo vivo entre pasado y presente” y actúan como “vehículos de transmisión y expresión simbólica de identidad”, lo que refuerza su papel dentro del patrimonio cultural.

El hórreo cobró un significado especial durante la emigración de finales del siglo XIX. Para quienes partían, simbolizaba la identidad y la conexión con sus raíces, así como la pertenencia a la tierra natal. En muchos casos, también se convirtió en un reflejo del estatus alcanzado en el extranjero, transformándose en un recuerdo nostálgico y un vínculo tangible con el hogar.

Sin embargo; ¿Llega este reconocimiento a tiempo para frenar el deterioro de muchos hórreos y paneras? En numerosos lugares del norte peninsular, muchas de estas construcciones ya se han perdido, otras están derruidas o cubiertas por la maleza, auténticas joyas de nuestro patrimonio olvidadas.

Una situación incomprensible, que en muchos casos, deviene de una sobreprotección normativa que hasta ahora dificultaba nuevos usos, más allá de los tradicionales o su rehabilitación , contribuyendo paradójicamente a su abandono.El propio Gobierno reconoce riesgos como la “desvinculación funcional”, la “desconexión intergeneracional” o la pérdida de los contextos culturales que les daban sentido.

En Galicia hay más de 100.000 hórreos.Según la La red Horrea su tarea consiste en concienciar a los propietarios sobre la importancia de preservar los hórreos y evitar intervenciones que desfiguren su esencia. Advierten que el uso de materiales como aluminio o cristal puede destruir su valor patrimonial y que convertirlos en alojamientos turísticos suele alterar su identidad original.

En cambio, promueven usos respetuosos y creativos, como proyectos que adaptan el interior para espacios juveniles o de verano sin modificar la estructura, demostrando que es posible aprovechar estos edificios tradicionales manteniendo su autenticidad.

Un hórreo en la Casa de Galicia de León
Un hórreo en la Casa de Galicia de León | Galicia Aberta

Desde el año 2019, el Gobierno de Asturias ha destinado más de 2,5 millones a restaurar estas construcciones, lo que ha hecho posible intervenir en 445 hórreos, paneras y cabazos. Esta cifra ha crecido en los últimos años gracias a las ayudas y a los cambios en la tramitación de las mismas. “Solo en 2025 concediéronse 111 ayudes”, asegura la consejera de Cultura, Vanesa Gutiérrez “lo que supón que n’Asturies nesti exerciciu tán faciéndose alredor d’una intervención de restauración cada tres díes”.

En el ámbito normativo, el ejecutivo ha aprobado recientemente una modificación legal que abre la puerta a nuevos usos compatibles para hórreos, paneras y cabazos, para permitir usos distintos a los tradicionales en aquellos elementos con protección urbanística parcial o ambiental. Sobre esta base, la consejería iniciará este mes de abril la tramitación del decreto que modificará el Reglamento de la Ley de Patrimonio Cultural para adaptar la normativa a los cambios introducidos por la legislación reciente.

La medida impulsada, ahora, por el Ministerio busca precisamente actuar sobre esa dimensión, incorporando su valor simbólico a las políticas de protección y promoviendo su conservación junto a los oficios y conocimientos asociados. Pero queda por ver si este impulso institucional será suficiente para revertir una tendencia de décadas y garantizar que los hórreos sigan siendo algo más que un vestigio del pasado: un elemento vivo del paisaje y de la identidad del norte.

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