Por fin nos vimos frente a frente

Publicado: 31 may 2026 - 00:40
Opinión José Ángel Vázquez Barquero
Opinión José Ángel Vázquez Barquero | La Región

Hay encuentros que uno agradece de verdad. El Foro organizado esta semana por La Región en Ourense ha sido uno de ellos. Antes de nada: gracias a los organizadores, a quienes me presentaron y, sobre todo, a todos los que se acercaron a escuchar, a preguntar y a debatir. No siempre es fácil encontrar espacios donde hablar de inteligencia artificial sin que la conversación derive hacia el pánico o la euforia. Este fue uno de esos espacios.

Hubo un momento, a mediados del siglo XIX, en que los primeros telégrafos eléctricos empezaron a cruzar continentes y océanos. Los escépticos los veían como una curiosidad innecesaria; los entusiastas prometían que acabarían con las guerras porque los pueblos se entenderían al instante. Ninguno tenía del todo razón, pero el mundo que vino después ya no se parecía al anterior. La inteligencia artificial nos coloca ante una encrucijada parecida, aunque la pregunta que importa no es si debemos temerla o celebrarla, sino si sabemos lo que queremos de ella.

La velocidad del cambio tecnológico centró buena parte de la conversación. No se trata de una evolución gradual, sino de algo comparable en magnitud a la Revolución Industrial o al Neolítico: transformaciones que no afectan a un sector, sino a la manera en que las sociedades enteras se organizan y piensan. La diferencia es que ahora ocurre en años, no en décadas o siglos.

Frente al miedo a la sustitución, mi planteamiento es otro: la inteligencia artificial no compite con las personas, las amplifica. Pero con una condición. Para que esa expansión funcione, hace falta lo que los investigadores llaman metacognición: la capacidad de pensar sobre cómo uno mismo está pensando. Quien usa estas herramientas sin esa conciencia obtiene respuestas que confirman lo que ya sabía. Quien las usa con espíritu crítico obtiene algo cualitativamente distinto. La herramienta es la misma; la diferencia está en quien la maneja.

En medicina, en derecho, en educación, la IA puede procesar volúmenes de información que ningún ser humano podría abarcar. Pero la decisión final, la empatía ante el paciente, el juicio sobre lo justo, la conexión con el alumno que no entiende por qué razón no entiende, eso sigue siendo territorio humano. No por romanticismo, sino porque son exactamente las tareas para las que los sistemas actuales no están preparados.

El impacto laboral será de transformación, no de sustitución masiva. Las empresas que integran bien la IA no reducen plantillas: aumentan su capacidad, lo que genera más trabajo, distinto al anterior. El reto es formar a las personas para convivir con ella sin perder el mando. Como quien guía un caballo con las riendas en la mano.

En Galicia se sabe bien que observar antes de actuar no es lentitud, sino inteligencia. El marinero lee el horizonte antes de soltar amarras; el labrador espera el momento exacto antes de sembrar. Esa mirada pausada es la que conviene aplicar ahora: ni entusiasmo sin criterio ni rechazo por inercia. La pregunta que queda abierta no es si cambiarán las cosas, sino quién decidirá en qué dirección.

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