análisis económico
La IA y el gasto fiscal redibujan el mapa de inversión global
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Los inversores ya no operan en el mismo entorno que dominó los mercados durante las tres últimas décadas. La inteligencia artificial y el gasto público se han convertido en las dos grandes fuerzas que reordenan el mapa de inversión global actual, marcado por un contexto mucho más incierto que el de etapas precedentes.
Es la tesis central del último informe mensual del director de inversiones de banco suizo Julius Baer, Yves Bonzon, que sostiene que la combinación de mayor crecimiento nominal, inflación persistente, tensiones geopolíticas y una carrera por la IA ha abierto un abanico de escenarios económicos y financieros mucho más amplios de lo habitual.
De hecho, el informe identifica dos grandes flujos estructurales de capital que están transformando el paisaje inversor: el primero parte de los gobiernos del G7 y llega a los hogares de rentas bajas y medias a través de medidas de apoyo y redistribución, lo que reduce la probabilidad de una recesión profunda pero prolonga el deterioro de las finanzas públicas en las principales economías; y el segundo procede de las grandes compañías tecnológicas de Estados Unidos, con la incógnita de si las empresas que están invirtiendo miles de millones de dólares en IA serán capaces de rentabilizar ese gasto.
Esa duda, que comienza a notarse ya en todos los mercados, afecta de lleno al parqué estadounidense, dada su gran exposición a la inteligencia artificial.
Así es que la entidad helvética lleva su cautela incluso a las siete magníficas (Apple, Microsoft, Google, Amazon, Meta, Nvidia y Tesla), toda vez que han pasado de modelos de negocio relativamente ligeros en activos hacia estructuras mucho más intensivas en capital, precisamente por las inversiones necesarias para desplegar la IA a gran escala. Su recomendación no pasa por retirarlas de la cartera, sino por reforzar esta con bonos corporativos de alta calidad, deuda emergente en moneda local, metales estratégicos para la nueva economía tecnológica, oro y una exposición selectiva a China e India.
Lo que sí desaconseja, en cambio, son las divisas de los países del G7 (el dólar de Estados Unidos y Canadá, el euro, la libra esterlina y el yen). Su argumento es que el deterioro fiscal de las economías más desarrolladas hace augurar una cierta depreciación.
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