La ceguera nunca frenó a Maruja y Aurora

HISTORIA DE SUPERACIÓN

Las hermanas dejaron O Irixo a una edad temprana para encontrar oportunidades que permitieran a personas como ellas, con discapacidad visual, construir una vida más independiente

Aurora y Maruja con el papa Francisco durante su visita a Roma.
Aurora y Maruja con el papa Francisco durante su visita a Roma.

Aurora y Maruja Ferradás todavía recuerdan los colores que conocieron antes de perder la visión. Tuvieron la fortuna de nacer en un entorno en el que su invidencia no fue motivo de limitación, pero el mundo que conocían se reducía en gran medida a su hogar en Surribas (O Irixo). Y aunque gozaban de independiencia, una frase se les quedó grabada en la memoria: “Como en tu casa no estarás en ningún lado”.

El rumbo de sus vidas cambió al escuchar un programa de radio en el que se hablaba de la Once y de escuelas para personas con discapacidad visual. Aurora tomó la iniciativa de marcharse aún muy joven al Centro de rehabilitación en Castell Arnau Sabadell, pese a la resistencia inicial de su padre: “Fue el momento en que confié en la razón y no en el corazón”, afirma. “Me acuerdo de cuando aprendí mecanografía y le escribí una carta a mis seres queridos desde Cataluña, con algunos errores. No me importó y la envié igual. Sé que papá fue incapaz de escucharla sin llorar y que desde entonces se la llevaba a todas partes”.

Aurora y Maruja Ferradás, son de Surribas y residen en Barcelona.
Aurora y Maruja Ferradás, son de Surribas y residen en Barcelona.

Maruja se incorporó al centro poco tiempo después, y admite que desde ese momento su mundo se empezó a sentir como “estar dentro de una película”.

Allí ambas aprendieron a leer braille, a desplazarse con autonomía por la ciudad usando el bastón y también tuvieron la experiencia de vender cupones. “Cuando papá nos dejó, dijo que le costó más que ver a un familiar morir. Pero un día vino de visita y Aurora le dio, ella sola, un recorrido por la ciudad. Él vio todo lo que había prosperado su hija y entendió que, tal vez, había exagerado un poco su actitud”, cuenta Maruja.

Tras salir, Aurora se dedicó a la fisioterapia, mientras que Maruja trabajó como recepcionista y telefonista en la Consejería de la Presidencia de la Generalitat de Cataluña. También acumulan numerosos logros en actividades como el teatro, la lectura e incluso la hípica, todos alcanzados por sus propios méritos. Porque, como señala Aurora: “Yo no creo en la integración; la integración la hace la propia persona”.

Hoy ambas desarrollan su vida en Barcelona, ya jubiladas, y cada año regresan a su pueblo natal.

Contenido patrocinado

stats