Sonia Torre
UN CAFÉ SOLO
Los reyes magos
SUEÑOS DE OLIMPIA
En el resumen de 2025 recordamos la muerte a los 103 años de la atleta olímpica más longeva, la gimnasta Ágnes Keleti. Merece la pena recordar su singular trayectoria, porque sobrevivió al Holocausto con otra identidad.
Ágnes Klein Keleti nació en Budapest en 1921, la segunda ciudad europea con más judíos antes del nazismo (unos 200.000). Animada por su padre, practicó la natación y la danza, destacando también como virtuosa del violonchelo.
Hasta los 16 años no se aplicó en la gimnasia, donde tuvo una progresión fulgurante. Campeona nacional, fue seleccionada para los Juegos de Tokio 1940. Pero la II Guerra Mundial truncó el evento y su debut.
Keleti fue expulsada del equipo -alguien la denunció por ser judía- y comenzó a temer por su familia y su vida.
Estaba en el ojo del huracán. Hungría se alió con Alemania y aplicó sus leyes raciales. Keleti fue expulsada del equipo -alguien la denunció por ser judía- y comenzó a temer por su familia y su vida.
El gobierno obligó a su comunidad a marcarse como ganado. Su abuelo, su padre y sus tíos terminaron en el crematorio de Auschwitz. Su madre y su hermana escaparon por los pelos y en camisón, en una gélida y triste noche, gracias a la red de ayuda de Raoul Wallenberg.
Rota por el dolor, Keleti sólo pensó en sobrevivir. Huyó al campo, tras gastar todo su dinero en documentación falsa. Bajo la identidad de Piroska Juhasz trabajó esos años como sirvienta, operaria en una fábrica de armamento o dependienta. En los últimos meses de guerra incluso rellenó fosas con los muertos diarios de los bombardeos soviéticos.
Nunca tocó el violonchelo en la contienda. No hay música en el infierno. Aunque todos los días buscaba un sitio discreto, a orillas del río Danubio, donde imaginarse gimnasta, saltar y volar en libertad.
Keleti por fin debutó en los Juegos de Helsinki. Allí también lo hizo un nuevo imperio, la Unión Soviética, repleto de buenas, atléticas y disciplinadas gimnastas, entre ellas María Gorojovskaya (7 medallas).
Keleti no se amilanó. Con un estilo más orientado a la danza, logró el oro en suelo, más una plata y dos bronces. En el Mundial de Roma (1954) sumó otro oro, plata y bronce; siendo una de las pocas oposiciones al creciente poder rojo.
Los expertos apostaban por la imparable fuerza y juventud soviética en los Juegos de Melbourne, en 1956. Keleti se presentó allí con 35 años, contra un elenco con media de 19 y una espectacular Larisa Latynina, de sólo 21.
Siempre humilde, ya es un referente universal del deporte.
Y la húngara brilló como nunca. Logró cuatro oros y dos platas, empatando a la extraordinaria Latynina. A Keleti le acompañaba una fuerza especial, la presencia de su madre y hermana en la grada, con quienes por fin pudo reunirse después de la guerra.
También una motivación política. Antes de los Juegos, Moscú había invadido Budapest para aplastar una revolución antisoviética. Junto a otros 44 deportistas húngaros, Keleti solicitó asilo político y atención internacional.
Divorciada de Sarkany, harta del comunismo, nada le ataba a Hungría. Se mudó a Israel, tierra de sus antepasados. Allí se casó con Robert Biro, tuvo dos hijos y creó de la nada la estructura de la gimnasia israelí, que comenzó a dar éxitos en Pekín 2008.
Keleti regresó en 2015 a una Hungría democrática. Mantuvo una forma física envidiable -más bien increíble- un carácter jovial y una sonrisa permanente hasta su muerte. Siempre humilde, ya es un referente universal del deporte.
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