Lolín Lira Pousa
El paso a nivel de Ribadavia
SUEÑOS DE OLIMPIA
Terminada la Guerra Civil, Barcelona y el Barça tuvieron que adaptarse al nuevo gobierno, el de los vencedores.
Días antes de la llegada de los franquistas, directivos del club como Agustí Bo y Paulí Carbonell, muy implicados en el gobierno republicano, huyeron hacia Francia junto a los casi medio millón de exiliados.
El presidente, Francesc Casals y miembros fundamentales, como Rossend Calvet, decidieron quedarse y recibir a las nuevas autoridades. No habían cometido delitos de sangre ni delaciones de compañeros durante la guerra, cierto. Pero la incertidumbre por su destino era máxima.
El nuevo régimen aplicó una doble estrategia. Reanudar la actividad del Barça -y del deporte- “depurándolo” de personas y símbolos republicanos.
El 22 de abril de 1939, ambos se reunieron con dos auditores franquistas -Carlos Crexells y Narciso de Carreras- para explicar la situación del club y su gestión durante la contienda. Gracias al talento negociador de Casals y a la impecable documentación de Calvet, los enviados no vieron delito o “influencia marxista” en su actuación.
Calvet además convenció a la nueva cúpula para no utilizar el estadio de Les Corts como garaje militar y sí comenzar su reconstrucción ¡con el dinero de la gira republicana de 1937! Prodigioso negociador.
Debido a su pasado en ERC, Casals estuvo unos meses en prisión. Por ruego de su familia fue liberado, pero nunca más se le permitió cargo o rol en el club.
El 6 de mayo fue sustituido por una junta provisional, dirigida por el prestigioso cirujano Joan Soler. Al increíble Calvet se le permitió continuar, bajo supervisión de tres falangistas. Una orden de la después creada Delegación Nacional de Deportes.
El nuevo régimen aplicó una doble estrategia. Reanudar la actividad del Barça -y del deporte- “depurándolo” de personas y símbolos republicanos.
En apenas unos meses, el FC Barcelona se adaptó a la nueva realidad. La presión social y política era similar a la republicana, cambiando los enemigos. Los “fascistas”, “curas” o “burgueses” se transformaron en “rojos” y “separatistas”.
Calvet y los directivos supervivientes se centraron en el club. Soler autorizó el uso del dinero de la gira americana para adecentar Les Corts, dañado por los bombardeos y saqueado por el pillaje.
Una “depuración” expulsó a elementos republicanos. Se compensó con la readmisión de antiguos simpatizantes, ocultos o huídos durante la guerra. Cada integrante fue escrupulosamente analizado por la nueva cúpula.
Hubo un problema mayor, porque se quiso reanudar la actividad de inmediato y sin apenas jugadores. Los más jóvenes estaban en prisión preventiva, al ser detenidos en el frente. La mayoría habían sido reclutados antes, a la fuerza, por la República.
¿Y los participantes en la gira de 1937? 9 de los 16 no regresaron jamás. 5 lo hicieron al momento: Babot, Rafa, Font, Pagés y Pedrol. Calvet negociaba la vuelta de Escolá y Balmanya, pero se vió obligado a fichar a toda prisa a otros de Barcelona, Cataluña… incluso a exjugadores enrolados en la tropa franquista, como Epi, Vergara o Macala.
El 29 de junio de 1939, el fútbol regresó a Les Corts, con el amistoso entre (casi) una selección española vestida de blaugrana y un Athletic de Bilbao juvenil.
Antes del partido se realizó en el exterior un sentido homenaje a los socios caídos “por Dios y por España”. La hija del general Álvarez-Arenas hizo el saque de honor. Se cantó el “Cara al Sol” con entusiasmo. Ganó el Barça por 9 a 1. Comenzó una nueva etapa.
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