Sonia Torre
UN CAFÉ SOLO
De buena familia
En este 2026 que se desliza a velocidad de crucero, se cumplen 145 años de la llegada a Ribadavia de la primera locomotora. Atrás quedaban los afanes del Ayuntamiento por situar a la estación del ferrocarril en la zona de san Francisco o Corredoiras, donde se encuentra, y no en Francelos a 3 km. de la Vila, como contemplaba el trazado original.
Aunque la recepción oficial sería en la estación, aún sin terminar, una multitud entre curiosa y prudente petaba el puente de San Francisco para, guardando las distancias, observar el paso de la locomotora por el viaducto sobre el rio Avia, que entonces aún estaba sin la cubierta superior.
Las crónicas del momento señalaban aquel 21 de febrero de 1881 como una fecha de perdurable memoria en la historia de la Villa y La Gaceta de Galicia narraba exultante, la entrada de la máquina en el recinto donde aguardaban las autoridades, ingenieros, la banda de música dirigida por el maestro Benigno Pousa, peones camineros, asentadores de traviesas e infinidad de globos y vecinos de todo el Ribero que dedicaban entusiastas aplausos al ferro-carril, Hijo Predilecto de nuestro siglo.
En las primeras décadas del s. XX eran 9 las locomotoras para Galicia que aquí se detenían, y finalizando los cincuenta ya con modernos materiales y nuevas conexiones que alcanzaban el ámbito nacional, eran 18 las circulaciones, siendo esta la época de mayor frecuencia en ambos sentidos.
Aquella noche, L.Rouvieri ingeniero y director gerente de la línea Orense-Vigo, fue obsequiado con una memorable serenata, y el Ayuntamiento cursó invitaciones para asistir a un espléndido lunch organizado en dependencias consistoriales(…) con motivo de la llegada de la locomotora a Ribadavia, y en honor de las empresas concesionaria y constructora (…), que supuso a las arcas municipales un desembolso de 1.400 reales.
La estación pronto se posicionó entre las principales de la línea, y a través de la revista Ferroviaria (nº13) sabemos que en sus comienzos paraban 4 trenes diarios en ambos sentidos. En las primeras décadas del s. XX eran 9 las locomotoras para Galicia que aquí se detenían, y finalizando los cincuenta ya con modernos materiales y nuevas conexiones que alcanzaban el ámbito nacional, eran 18 las circulaciones, siendo esta la época de mayor frecuencia en ambos sentidos.
En la presente fotografía que nos traslada hasta principios de los sesenta del pasado siglo en el paso a nivel de Ribadavia, asoman parte de las infraestructuras del momento. En primer plano y junto a la vía, se sitúan las casetas del Guardagujas, el encargado de manipular las palancas que permiten a los trenes cambiar de vía; dicho agente provisto de farol y banderines, era también el responsable del mantenimiento del mecanismo y el último eslabón en la cadena de seguridad.
La foto tomada en un instante de calma y con el acceso expedito para el tránsito de vehículos y peatones, nos impide la visión de las cancillas, enormes portalones de madera que provistos de reflectantes, se cerraban al paso del tren. En la imagen figuran los sólidos pilares de piedra, semioculto por un poste el izquierdo, donde estaban ancladas.
Las encargadas de su vigilancia abriendo y cerrando las cancillas, o posteriormente, subiendo y bajando las barreras, eran las guardesas, mujeres ferroviarias ya en el s. XIX, pioneras en España, que generalmente vivían próximas a la estación, como las señoras Celsa y Dorinda, las últimas guardesas que recuerda esta cronista y vecinas ambas, igual que Antonio Villanueva, el Guardagujas, del barrio de San Francisco.
En la derecha de la fotografía asoma parte del enorme caserón propiedad de doña Celeste Gallego, “La Generala”, donde entonces estaba la casa-cuartelde la Guardia Civil que compartía espacios con el bar Quinteiro de apreciados vinos, una concurrida peluquería de caballeros y viviendas de particulares, como el recordado médico don Emilio Baladrón. Dicho edificio, ya vacío, fue pasto de las llamas en noviembre de 1970, y en su solar se construyó a comienzos del milenio la estación de autobuses.
En las décadas de los ochenta y noventa se activaron por razones de seguridad vial, sucesivos planes encaminados a eliminar los pasos a nivel. Entre ellos figuraba como prioritario por su céntrica ubicación, el de Ribadavia, que inició en febrero de 1987 las obras para suprimirlo que concluyeron en octubre.
Aquel día de febrero de 1881, cuando el tren llegó a Ribadavia, fue una fecha histórica como señalaba la prensa del momento, para todo O Ribeiro. Entonces ya hacía 33 años que se había inaugurado la línea Barcelona-Mataró, la primera de la Península, ya que el primer tren español (1837) llevaba 44 años pitando entre La Habana y Bejucal, en Cuba -entonces La Perla de Las Antillas-, junto con Puerto Rico y Las Filipinas, las llamadas Provincia de Ultramar, eran parte hermosa de la España finisecular.
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