Miedo al cumpleaños

TRIBUNA

Publicado: 21 sep 2026 - 04:10
Miguel Abad Vila
Miguel Abad Vila | La Región

Aunque envejecer no mata, Dorian Grey vendió su alma para evitarlo a toda costa. Sostiene Aloysius que décadas más tarde Madonna, Demi Moore o Carly Simon han mostrado, cada una a su manera, que el miedo a cumplir años permanece vivo. Y pasa factura. Porque la gerascofobia o temor irracional a envejecer y a mostrar los años cumplidos, no es una simple obsesión estética ni una rareza de quienes se resisten a las canas, las arrugas o la jubilación. Detrás de ese rechazo podría esconderse un problema con repercusiones sobre nuestra salud física y mental. Este fenómeno tiene una dimensión todavía más inquietante, porque muchos mayores terminarán interiorizando los prejuicios existentes sobre la vejez.

Algunos expertos, como la psicóloga social Sacramento Pinazo de la Universidad de Valencia, nos alertan sobre el denominado autoedadismo, la asunción de estereotipos negativos sobre la vejez. El ir aceptando estos pensamientos de manera constante puede consolidarse como una profecía que el propio individuo asume a rajatabla.

Dichos efectos no son baladíes: las investigaciones relacionan el miedo al envejecimiento con mayores niveles de ansiedad, depresión y estrés. Y también con el aislamiento social y el abandono de actividades.

La discriminación externa alimenta este proceso. Pero tal vez resulte más complicado combatirla si no procede de fuera, sino cuando la persona decide incorporarla a su mochila vital.

Aquí se inicia en realidad un peligroso círculo vicioso. El que piensa que ha dejado de encajar en el mundo deja de hacer ejercicio, reduce sus relaciones sociales o renuncia a nuevos proyectos. La pérdida de actividad puede favorecer el sedentarismo y aumentar el riesgo de hipertensión, diabetes, osteoporosis y otros problemas de salud. Y el deterioro posterior, a su vez, refuerza la idea de que envejecer significa necesariamente perder capacidades.

La discriminación externa alimenta este proceso. Pero tal vez resulte más complicado combatirla si no procede de fuera, sino cuando la persona decide incorporarla a su mochila vital.

Empiezo a estar rodeado de jubilados. Dejar de trabajar pudiera interpretarse como dejar de ser útil. Sin embargo, la edad cronológica no define las capacidades de una persona. Por ejemplo, dos individuos de 75 años pueden tener niveles de autonomía, salud y participación social completamente diferentes.

Por eso, la solución no pasa por esconder la edad, sino por cambiar la manera de enfocarla. Mantenerse físicamente activo, cultivar aficiones, cuidar las relaciones sociales y emprender nuevos proyectos son formas de proteger la salud, pero también de combatir el estigma.

Aquel antiguo anuncio de una marca de agua mineral tenía como lema “no pesan los años, sino los kilos”. Aquí el verdadero problema tampoco son los años, sino creer que cuando se van sumando determinan nuestro declive personal.

Nuestra modernidad tardía debe desterrar el estereotipo de la juventud como la única etapa asociada al éxito, la belleza o la utilidad. Cumplir años no es algo que ocultar, ni un motivo de disculpa. Sentirse anciano antes de tiempo es una consecuencia del modo en que nuestra sociedad nos enseña a afrontar la vejez.

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