Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Ir a Londres es encontrarte, entre otras cosas, con uno de los personajes más famosos del mundo. Tiene casa, en realidad museo, pero ahí está él, presente en 221 B Baker Street. Fotos, pipa, violín, equipo de química, libros, sombreros, periódicos, cuadros, catalejos, artículos de disfraces, juego de té… Es un sitio reducido y con muchas y angostas escaleras, como en casi todas las viviendas de su tiempo. Y uno se pregunta, ¿cómo podía hacer tantas cosas en tan poco espacio? Tan grande, tan importante, tan inteligente… Cerca de allí se alza colosal en bronce, y ahí se admira su personalidad. Yo diría que hasta las palomas le respetan y le rinden pleitesía.
¿Está ahí, Sir Arthur? Gracias, mil gracias.
Sus pasos se oyen sobre el asfalto, y también se oye su voz al llamar al cochero, que llega al son del ruido de los cascos del caballo. Ahora no hay niebla, hace sol y sin saber cómo, el recuerdo lluvioso y oscuro del Londres de siempre vuelve al recuerdo. Y entre la densidad de la bruma que impide toda visión, alguien trama algo diabólico ¿será James Moriarty? Quién si no. Pero no hay que temer por él, porque aunque parecía muerto con su adversario, los dos volvieron a la vida. Eran necesarios para no estropear la foto y el negativo, el blanco y el negro, lo positivo y lo opuesto de las dos mentes extraordinarias que se retroalimentan, y que dejarían de ser el uno sin el otro.
Tenían que vivir para ser encarnados por los más grandes de antes y de ahora, como John Barrymore, Basil Rathbone, Peter Cushing, Robert Downey Jr., Benedict Cumberbatch, Christopher Plummer, Charlton Heston, Jeremy Brett… Como los mejores, en opinión popular y especializada, la palma se la disputan Basil Rathbone y Jeremy Brett. Y para completar el cuadro ante nuestros ojos, un doctor con vocación de cronista de las famosas hazañas, Watson. Querido y fiel Watson, interpretado entre otros por Nigel Bruce, James Mason, Robert Duvall, Ben kingsley. Pero ¿quiénes fueron Moriarty? Muchos como Laurence Olivier, John Huston, Malcolm McDowell y Vincent D’Onofrio. 221 B Baker Street, allí espera Sherlock Holmes, nuestro personaje, que sin vivir venció a la muerte, extraña paradoja. Primero fue idea, luego proyecto y después la realidad que el gran público hizo suya. Le dio aliento, le dotó de pulso, le hizo inmortal, y le siguió a donde fuere. ¿Está ahí, Sir Arthur? Gracias, mil gracias.
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