Luís Celeiro
Tía Manuela
MORRIÑA.COM
La izquierda candidata del 29-N cree tener una oportunidad con la vivienda y el desalojo apurado de Ceuta. Pedro el candidato piensa rentabilizar decretos y victimismo paran tapar la corrupción. Pero no convence, porque el certificado de defunción del sanchismo quedó redactado durante las vacaciones de La Mareta. El sanchismo ha muerto de parada cardiorrespiratoria, como todo el mundo, en ese ismo que engloba una forma radical y extremista de hacer política, siempre en contra de alguien bajo los mismos mantras trasnochados del social-comunismo de antes. La izquierda candidata quiere, pero no podrá, aunque haya temor a sus trampas. La izquierda candidata siempre recurre a la tensión, como le dijo el rey de los joyeros al ilustre periodista, años después del dóberman. La izquierda ha decaído en pancartas y redundancia, en una resistencia enfermiza a abandonar el poder, en la congelación democrática del Estado de derecho y la separación de poderes. La izquierda va a por todas, porque es incapaz de construir junto a todos, y sólo pretende favorecer e imponer sus postulados desgastados y obsoletos, ahora con la vivienda, mañana con el voto por correo, la regularización masiva de inmigrantes y el censo de la “ley de nietos”.
La izquierda candidata no aflojará, aunque pierda, porque si el sanchismo es desalojado del poder no sólo pierde relevancia y financiación, sino que pierde la inmunidad del escaño y la supremacía del BOE. La izquierda candidata no concibe la política como una construcción de derechos y obligaciones, sino como el fin que justifica los medios. La izquierda candidata piensa que recupera pegada, y por eso promueve una huelga general contra la oposición y pretende incendiar la calle para zancadillear la alternancia democrática tapando sus vergüenzas.
La izquierda candidata desintegrada se descose como ideología noble con la que mejorar el bienestar colectivo, ahora usando la Diputación Permanente de forma fraudulenta para hacer campaña. La izquierda candidata decepciona, porque ya fue mejor de lo que es, cuando contribuyó a la concordia de la Transición para terminar siendo excluyente. La izquierda candidata afea a la oposición todos los vicios en los que incurre, desde la corrupción al extremismo manifiesto, desde las trampas y mentiras a la caja de cartón.
La izquierda se ha dinamitado a sí misma, porque hace tiempo que dejó de enamorar para abrazarse al populismo y la demagogia más retrógrada. La izquierda candidata ha perdido interés porque sólo concibe su papel político en contra de la mitad de España. La izquierda candidata vive de polarizar y enfrentar a caseros con inquilinos, a republicanos con monárquicos, a los fachas con los rojos, a los ricos con los pobres, a los inmigrantes con los españoles. La izquierda candidata pretende seguir viviendo del recuerdo de voto, del dopaje del voto, de la imposición de un relato y el cambio de régimen.
Esta izquierda de ahora no es la que construyó la democracia del 78. Es la izquierda que aspira a la voladura de la España constitucional. La izquierda candidata.
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