Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Fraga y mus en el vagón bar
DÍAS Y COPLAS
Abril presume de primavera con manga larga y vuelve a recordarnos que la realidad no entiende de calendarios. Las noticias florecen con la misma imprevisibilidad que el tiempo y hablan de interés nacional con la inmigración, de pactos PP-Vox que serán alfombra de Feijóo y de tribunales que nos presentan a los políticos despojados del trono. Entre tanto vaivén, el lector intenta orientarse sin paraguas ni brújula y se mueve del pescaíto de la Feria de Abril a Hacienda, porque no hay mejor sitio para olvidar que tienes que hacer la Renta que una caseta a las dos de la mañana con un pescaíto en la mano e intentando sobrevivir al embargo del traje de flamenca.
La Feria siempre fue un termómetro político; pero este año es también una calculadora. Cada sevillana bailada es una deducción por gasto en cultura y cada rebujito, una inversión en cohesión social. Y esta semana Sevilla es faralaes, Agencia Tributaria y fandangos apuntando a las urnas con un Morante de la Puebla herido grave por un pitón amigo de la faena. María Jesús Montero, exministra de Hacienda y ahora candidata, mira al 17 de mayo -elecciones andaluzas- como quien mira el reloj para ver si le da tiempo a una ronda más antes de los fuegos artificiales. Baila con el farolillo encendido, el borrador en la app y mitinea los rendimientos del trabajo con boquerones que distinguen el fino de la manzanilla.
Abril no es un mes: es un estado de ánimo con resaca fiscal, entre la Feria, las urnas y Hacienda
Montero conoce los percales de lunares y del IRPF. Ha pasado de pedir el modelo 100 a pedir el voto. Del “confirme su borrador” al “confírmeme en San Telmo”. Y la gente en el Real, entre caballo y caseta, hace sus cuentas porque cuando el domingo acaban los fuegos en el Guadalquivir, empiezan los de la campaña electoral y los del último día para presentar la Renta sin recargo. Abril aquí no es un mes. Es un estado de ánimo con resaca fiscal. Así que el andaluz medio llega a mayo con tres agujetas: la de bailar, la de aplaudir en el mitin y la de meter datos en Renta Web. Todo por la patria, el compás y el tramo autonómico.
La ironía es fina, la misma noche que brindamos por el Pescaíto, el que no es socio ni entra en la caseta, algún Boeing dibuja el toldo. Allí llaman “velá” a tapar el cielo antes de que empiece la fiesta. No vaya a ser que llueva justo el día que la exministra Montero se pasea por el Real pidiendo el voto para el 17 de mayo. Y miras al cielo. Cuadriculado otra vez. Y piensas que, si van a decidir por uno, al menos dejen la Feria en paz. Pero ni eso. Porque en Aguas Mil sabemos que Abril no es nuestro. Abril es del calendario fiscal, del calendario electoral y de los calendarios de vuelo. Y es traicionero. Entre el rebujito, el modelo anual, entre el “qué arte tienes, niña” y el “su declaración le sale a pagar”, pasa un avión. Y otro. Y el azul de abril se vuelve gris marengo. En Andalucía dicen que fumigan para que no granice en la Feria. Los más viejos manifiestan que lo hacen para que el granizo no llegue a las urnas. Que, si el cielo está plomizo, el voto pesa menos, que la voz soberana se queda afónica con tanta nube.
Seis días de Feria, dice la ordenanza. Al séptimo, cuando los fuegos artificiales callen, se oirá el plim del SMS: “Hacienda le informa”. Y tú, con el traje de flamenca todavía en el perchero y el albero en los zapatos, te sientas a confirmar que, efectivamente, abril te ha costado un riñón y que Morante de la Puebla sabe, de verdad, lo que es una cornada a vida o muerte.
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