Absentismo laboral, una lacra para nuestras empresas

Publicado: 18 may 2025 - 01:45
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Que sigamos hablando semana tras semana sobre la reducción de la jornada laboral (tema sobre el que ya di mi opinión allá por octubre del año pasado, en un artículo que se titulaba: “A vueltas con la reducción de la jornada laboral”), me parece desviar absolutamente el foco sobre cuáles son a día de hoy los verdaderos problemas de las empresas en nuestro país, en nuestra comunidad autónoma y en nuestra propia provincia.

En el último semestre he tenido la suerte de compartir largas conversaciones con cerca de una treintena de empresarios gallegos (el 75% de ellos, ourensanos), sobre los orígenes, el presente y el futuro de sus negocios. En este “muestreo informal” ha habido pymes y también grandes empresas, alguna de ellas con más de un millar de empleados y varios cientos de millones de euros de facturación. Por supuesto, también ha habido de muy diversos sectores: automoción, construcción, extractivas, agroalimentarias, sanitarias, hostelería, industriales, servicios, etc. etc. Tras estos cordiales encuentros hubo un común denominador a todos ellos que llamó poderosamente mi atención. Dos de los principales problemas que tienen nuestras empresas a día de hoy son: encontrar personal y el creciente absentismo laboral. Hoy voy a hablarles de este segundo.

¿Quizás los empresarios convierten a sus empresas en hostiles ecosistemas o quizás los trabajadores son cada día más incapaces de adaptarse a su entorno laboral?

Habrá que empezar por definir el absentismo laboral o al menos evocar una de sus definiciones. Una de ellas dice que es aquello que ocurre cuando un empleado se ausenta o retrasa de algún acto o función que tenga designado en su empresa, sea de manera justificada o no, es decir, cuando el trabajador no acude a su trabajo (en la mayor parte de las ocasiones existe una justificación). Tras esta simple definición, vayamos a los datos.

Según el XI Informe trimestral sobre absentismo, siniestralidad laboral y enfermedades profesionales de The Adecco Group Institute, publicado el mes pasado, la tasa de absentismo en España para el cuarto trimestre de 2024 fue del 7,4% (situándose como uno de los primeros países europeos en este negativo ranking). Concretando, 1,25 millones de personas faltan cada día a su puesto de trabajo en nuestro país. En euros, y según la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo, el coste del absentismo para las empresas españolas rondó los 14.000 millones de euros en 2024, casi el triple que 10 años antes, y para las arcas públicas entorno a 15.000 millones de euros.

¿Y por Comunidades Autónomas como se comportó esta lacra en 2024?

Las cuatro en encabezar este triste ranking fueron: Asturias (9,5%), País Vasco y Aragón (8,4%), y Galicia (8,1%).

La cuatro con cifras menores fueron: Madrid y Andalucía (6,9%), Castilla-La Mancha (7%) y Extremadura (7,2%).

No salimos muy bien parados los gallegos y además parece que estos datos pretenden romper un mito, a pesar de que soy del norte, gallego y ourensano. Resulta que esa cita que tantas veces hemos oído de que “los del norte de España somos más trabajadores que los del sur”, en absoluto está en concordancia con los porcentajes anteriormente mostrados.

Pero sigamos escarbando con un ejemplo cercano y concreto. Uno de los directivos con el que tuve la oportunidad de compartir mesa y mantel, me dio autorización para utilizar datos reales de su empresa, sin decir el nombre de la misma, y me trasladó sus propias cifras de absentismo correspondientes al primer trimestre de 2025. Hablamos de una empresa, top cinco del sector del mar a nivel nacional, obviamente, gallega. Su facturación es de varios cientos de millones de euros y su número de empleados no está lejos del millar. El índice de absentismo que han alcanzado ya ha superado los dos dígitos con creces, es decir, de media cada día no aparecen en su puesto de trabajo en torno a un centenar de trabajadores y esto ha pasado de ser un problema a ser una pesadilla. Cada día que llega a la factoría no sabe cuántas líneas de producción podrán arrancar o cuantas podrán trabajar al 100%. Esto supone que los costes de personal se disparen, que la productividad de la empresa caiga en picado, una mala atención de los pedidos y por lo tanto de sus clientes, ofreciendo ya de paso una pésima imagen de marca. Este grupo empresarial, posee alguna otra planta de producción en Sudamérica. Estas plantas arrojan unos índices de absentismo que oscilan entre el 4 y el 6%, que fríos y descarnados pueden llegar a ser los números. Es tan relevante este problema para este grupo empresarial, que está pensando en ampliar o abrir una nueva planta en Sudamérica y cerrar su fábrica gallega, lo cual no sería un problema menor para una gran comarca y para todas sus familias, también sería un problema para Galicia y, por lo tanto, para todos nosotros.

El absentismo se ha convertido en un grave problema que crece año tras año y de no frenarlo, podrá llevar a muchas empresas a plantearse el cierre o el cambio de ubicación.

Pero, ¿cuáles son las causas de que el absentismo siga creciendo año tras año? Es muy difícil limitarse a unas pocas, puesto que son múltiples, pero mencionaré alguna. Según un informe de la mutua FREMAP, la parte más relevante de horas perdidas por absentismo se debieron a bajas médicas, tres de cada cuatro. Tras la pandemia el impacto de la salud mental ha sido determinante en el crecimiento del absentismo. En 2024 los trastornos mentales ya son la segunda causa que más días de baja genera y va en aumento año tras año.

Y digo yo, ¿quizás los empresarios convierten a sus empresas en hostiles ecosistemas o quizás los trabajadores son cada día más incapaces de adaptarse a su entorno laboral? De todo habrá en la viña del señor, pero responder a esta dicotomía significaría posicionarme y no es esta mi intención, solamente pretendo utilizar el sentido común y alimentarlo con algunas cifras provenientes de fuentes fiables.

Sin duda, hoy en día es un problema mucho más grande para nuestras empresas y, por lo tanto, para nuestra economía, el absentismo laboral que seguir dándole vueltas a la reducción de la jornada, que también se ha convertido en otro grave problema. La diferencia es que el primero existe, se ha agudizado tras la pandemia, y ha venido dado por diversos factores sociales que habría que estudiar, para buscarle soluciones o impedir que siga creciendo año tras año y el segundo ha sido gestado políticamente como una necesidad, que a la vista de lo anteriormente argumentado no parece prioritaria. No busquemos culpables, busquemos soluciones para el problema del absentismo y ya habrá tiempo de hablar de la jornada laboral.

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