Abuelos

Publicado: 26 feb 2026 - 02:55
Opinión en La Región
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No tengo autoridad suficiente para hablar de la abuelez, la categoría de abuelo o abuela, aunque haya expedido varios de esos títulos a raíz de mi nacimiento y de mi posterior condición de padre. Nadie discute que está necesariamente ligada al paso del tiempo, aunque los haya muy jóvenes, y la experiencia vital viene de serie. Esa trayectoria, esas vivencias, que se encuentran en el origen mismo de una institución como el Senado. Así en la antigua Roma la palabra utilizada para distinguir a sus miembros, y a la propia Cámara de representantes, provenía del vocablo latino “senex”, que significa anciano. Porque , en un principio, el Senado romano era un “consejo de ancianos” (el senatus) o consejo de los mayores, pues estaba compuesto por los “patres” (padres o patriarcas) de las familias más importantes de la ciudad. Estaban así valorados sus integrantes por su edad, su sabiduría y su conocimiento de las instituciones. Y déjenme que cite a Catón el Viejo (Marco Porcio Catón 234-149 a.C) por ser considerado un sabio y defensor de las tradiciones romanas. E indudablemente aquí aterriza con acierto una de las frases de Julio César: “La experiencia es la maestra de todas las cosas”.

Esa sabiduría de las personas mayores, ese respeto al que ha vivido y por lo tanto a los consejos que puede dar porque ha pasado por más situaciones que la gente más joven, siempre fue un referente de admiración y comportamiento social. Las personas mayores se colocaban en el centro de los debates para administrar su sapiencia, advertir y aconsejar, mientras los de menor edad mientras escuchaban aprendían y les preguntaban. Era, es, el valor de la experiencia. El “ser cocinero antes que fraile”. El cercano “cuando seas Padre, comerás huevo”, trasunto del “Prior tempore potior iure” del derecho romano. Lamentablemente hoy no podemos decir lo mismo, en términos generales. La tendencia, realidad, hoy parece consistir en alejar, esconder, al mayor y menospreciar sus consejos, cuestión que va en contra de la propia evolución humana. Razón tenía George Santayana cuando en “La vida de la razón” (1905) popularizó la frase: “los pueblos que no aprenden de su historia están condenados a repetirla”. Y para eso es importante revivirla acudiendo a las fuentes.

Dicen abuelas y abuelos que es indescriptible vivir esa condición, que no hay nada que se le acerque, por supuesto nada que ver con ser padre o madre…

Esa invisibilidad, al considerar que las personas mayores no tienen nada que aportar o tratarles con condescendencia, viene denominándose, es un término acuñado por el gerontólogo Robert Butler en los años sesenta, “edadismo” (ageism) y exige combatirlo mediante la educación (hoy tan escasa), las intervenciones intergeneracionales y las políticas y leyes contra la discriminación por edad. Inaceptable ese comportamiento, ese desdén y ese tratamiento discriminatorio y en no pocas ocasiones maleducado e insultante, cuando hablamos de una cualidad -la de mayor- a la que todos aspiramos a llegar. La aspiración de todo ser humano que nace: vivir el mayor tiempo posible -la longevidad- y en las mejores condiciones (una proverbial situación de partida de la que disfrutamos en la provincia de Ourense, compartiendo con la japonesa isla de Okinawa el alto número de personas centenarias). Estamos yendo contra nosotros mismos desdeñando la visión, consejos y magisterio de quien ha ensayado y vivido más. Un desaire suicida. Mala señal.

Hay que saber combinar socialmente esa realidad vivida y experimentada con “la juventud, divino tesoro”. El equilibrio entre ambas versiones garantiza crecimiento como sociedad. No despreciemos por concepto a los unos ni a los otros. Hace bien pocos años en España, por ejemplo, asistimos a un furor de líderes políticos en el entorno de los cuarenta años (Pablo Iglesias, Pablo Casado, Albert Rivera, Pedro Sánchez…) colocando en la nevera a los mayores de sesenta, una “moda” que parece haberse ralentizado abogando por mayor rigor, preparación y un “cursus honorum” más completo a los candidatos a presidencias autonómicas, ministerios y alcaldías… No se habla sólo de “silver politics” sino también de “silver politicians” y basta recordar que Joe Biden fue presidente de USA con 78 años, los mismos que Trump hace un año cuando tomó posesión como el 47 inquilino de la Casa Blanca…

Dicen abuelas y abuelos que es indescriptible vivir esa condición, que no hay nada que se le acerque, por supuesto nada que ver con ser padre o madre… Que la intensidad del cariño y la fuerza protectora respecto a los hijos de los hijos hay que sentirla…eso me dice mi amigo Teo que acaba de ser abuelo de una niña en Filipinas…Pero parece que todavía hay otra dimensión. No puedo hablar en primera persona pero sí acudo a la dedicatoria que el genial Miguel Delibes hizo a su primer bisnieto: “Al destronador de todos los príncipes”. Esos príncipes, en su caso, eran sus dieciocho nietos. Y teniendo en cuenta el dominio del lenguaje del autor de “Pegar la hebra” (cuando falleció su mujer Ángeles, con cincuenta y un años, dijo que se había ido “la mejor mitad de mí mismo”) debe ser una descripción sublime.

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