Acisclo en el taller de Mateo

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 26 feb 2026 - 01:55
Opinión en La Región
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En Compostela, donde nadie puede sentirse extraño, hay un permanente bullicio en la catedral y su inmediato entorno. No son solo los peregrinos, que en estas fechas moderan su asistencia. La ciudad, donde hoy ya se superponen varias dinámicas bien diferenciadas y todas ellas cargadas de vitalidad, sigue girando alrededor de su almendra histórica. La catedral es el centro de estos círculos superpuestos de amplio radio. Como lo fue siempre, al menos desde que se impuso la tradición medieval jacobea. En este núcleo espiritual hay un constante ir y venir de obras, rehabilitaciones y remodelaciones que están haciendo resurgir una catedral magnífica, llevando luz y policromía a los grandes espacios que permanecían bajo la humedad y en penumbra. Como en los orígenes, a su alrededor se desarrollan infinidad de oficios rebosantes de laboriosidad. Edificios, fuentes y enlosados son remozados y hasta el antiguo Banco de España, antes casa de los Espinosa, en la plaza de las Platerías, es hoy Museo das Peregrinacións. En el sótano, en lo que serían las cajas fuertes del banco, está el efímero taller del maestro Mateo.

En el taller de Mateo, que Acisclo Manzano presenta en el Museo das Peregrinacións, se acumulan bocetos y ensayos

Allí trabaja y presenta sus piezas un viejo duende, travieso y sabio. Acisclo Manzano (Ourense, 1940) tenía una cuenta pendiente con Compostela. La relación con Francisco Asorey, o escultor da Raza, no fue tal cuando Acisclo daba sus inciertos primeros pasos. La catedral y el Pórtico de la Gloria, que entonces recibía, gratis, a los fieles y visitantes del templo, dejó una imborrable huella en quien, andando los años, viene mostrando una curiosa querencia por los motivos religiosos, por el misterio que atesora la fe humilde y la tradición con la que Acisclo ha convivido en su larga vida. Es siempre interesante observar a los artistas, poco o nada creyentes, acercarse a la fe y sus símbolos. Si Rothko representa una aproximación transida de atormentada tradición judía, la de Acisclo es la relación directa, sin mediaciones y sencilla: es el románico.

En el taller de Mateo, que Acisclo Manzano presenta en el Museo das Peregrinacións, se acumulan bocetos y ensayos. Hay papeles garabateados con tizas de colores; una mesa de trabajo y diversas series cerámicas de imágenes del Pórtico. En la catedral se empleó granito del Pedroso y de otras canteras próximas a Compostela; mármoles traídos de Portugal, como el cercano y delicado Rey David que toca la fídula y que Cunqueiro saludó una mañana, y que ahora Siza ha recuperado para sus rigurosos sarcófagos arzobispales. Acisclo, el aventajado discípulo de Mateo, presenta papeles y, de sus fornadas de Niñodaguia, las arcillas del magnífico friso de los apóstoles o una elegantísima alegoría de Cristo. Todo ello a la manera ingenua del románico, la mirada limpia para acercarse al arte.

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