Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Ratón
El mundo sigue convulso. Por desgracia la paz perpetua con la que soñaba Kant sigue relegada al mundo de los buenos deseos que promueven algunos filósofos. La condición humana es la que es y la guerra -las guerras- siguen siendo motores de la historia. En cada generación se inicia una o más en alguna parte del planeta. Desde la mítica de Troya apenas hay memoria de una etapa sin conflictos. En nuestro entorno, en Europa, el período de paz del que disfrutó el continente desde el final de la Segunda Guerra mundial se quebró primero en los Balcanes y posteriormente, en nuestros días, con la invasión rusa de Ucrania. Que lleva ya cuatro años y más si añadimos la anterior anexión de Crimea. Un registro de dolor al que habría que añadir el interminable registro de muertes en Gaza.
Ninguno de estos conflictos abiertos en los que han perdido la vida muchos miles de personas -varios centenares de miles en el caso de la de Ucrania- tiene visos a corto plazo de una pacificación verdadera. Y es en ese punto donde hay que reconocer que las Naciones Unidas han fracasado en su papel de mediadores. En Ucrania apenas han tenido papel- Rusia, el agresor que tiene asiento en el Consejo de Seguridad ya se ha ocupado de vetar todas las iniciativas encaminadas a condenar la invasión. Otro tanto ocurrió con la actuación de Israel en Gaza respaldada por los EEUU que también forman parte del mencionado Consejo y que, al igual que Rusia, tiene derecho de veto.
Vetos que sirven para tumbar cuantas votaciones podrían, sino impedir, cuando menos frenar agresiones que se están cometiendo ante los ojos del mundo
Vetos que sirven para tumbar cuantas votaciones podrían, sino impedir, cuando menos frenar agresiones que se están cometiendo ante los ojos del mundo. La ONU nació en la idea de que el diálogo y la mediación de terceros podía evitar las guerras entre vecinos. Pocas veces se consiguió porque, en la práctica, el poder de Naciones Unidas es más simbólico que real. Y aunque son quince los países que forman el Consejo de Seguridad en el que diez se van turnando, cinco: Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia (potencias nucleares), son miembros permanentes con derecho a veto. De esa asimetría en la representación se deriva la impotencia de la ONU para imponer la paz allí donde campa la muerte que aparejan las guerras.
Lo estamos viendo en la de Ucrania que dura ya cuatro años. No hay exageración al traducir esa impotencia en un fracaso que va camino de hacerse crónico.
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