Fernando Ramos
Abundan los políticos cuyo único horizonte laboral es seguir en un cargo
La exclusiva perspectiva de ocupación entre los casi 74 mil políticos que actualmente tiene España es para muchos de ellos continuar viviendo de un cargo, proporcionado por su partido. A ese fenómeno se une la falsificación de currículos, bastante común. Salvo contadas excepciones, padecemos una de las peores y más numerosa e injustificable clase política de la historia. Véase Yolanda Díaz, que pretende ahora empalmar su agotada carrera política como directora general de la OIT, cargo que es evidente que le viene ancho.
La carrera laboral de muchos de nuestros personajes relevantes no tiene otro recorrido que los empleos y sinecuras que les ha ido proporcionando el partido respectivo dentro o como consecuencia de las cuotas de poder ocupado. Claro que hasta en eso hay categorías, en tanto se ponga al frente de organismos e instituciones a personas, por lo menos, preparadas. Lo más indignante de todo esto es ver a sujetos que nunca hubieran logrado puesto parecido en el mundo laboral por sí mismos, al frente de empresas públicas o semejantes.
Una evidencia nacional, que es de fácil comprobación, es la cantidad de políticos profesionales de quienes puede decirse que ni vienen de parte alguna ni tienen a dónde ir cuando dejen la política, a no ser que los coloquen por una puerta giratoria. En ese sentido, fue muy curioso el caso de la ex vicesecretaria general del PSOE Adriana Lastra, delegada del Gobierno en Asturias, quien, por carecer de currículum alguno, dijo que eso formaba parte de su intimidad. Es un caso llamativo por formar parte del partido vanguardia de la clase trabajadora, pero en el PP también abundan, como uno que era ayudante de jardinero del puerto de Ferrol, donde lo colocara su padre, luego director general de la Guardia Civil. Se llama Arsenio Fernández de Mesa. Este era fabuloso, convertía una conferencia en un máster y su representación comercial de una empresa de pinturas en la condición de experto internacional en el tratamiento de recubrimientos marítimos.
La lista de cargos y empleos que sostenemos los contribuyentes es aproximada y crece exponencialmente
No existe una cifra oficial, incluyendo los numerosos asesores, como los que tiene Sánchez. Las cifras de la clase política, que vive de la política, son siempre aproximadas Datos de los ministerios de Política Territorial y Función Pública nos darían la cifra de 73.197 cargos políticos. Según los últimos datos de la Secretaría de Estado para las Administraciones Públicas, en España habría 687 altos funcionarios del Gobierno, 3.698 de las Comunidades Autónomas y, el resto, diputados o senadores, parlamentarios regionales, diputados provinciales, alcaldes, concejales, miembros de organismos nacionales o internacionales o empresas públicas, entre otros. El grueso de la clase política lo forman los 350 diputados del Congreso, 266 senadores, 1.218 diputados autonómicos, 68.462 alcaldes y concejales, 1.810 consejeros comarcales (en Aragón y Cataluña) y 1.409 diputados provinciales y consejeros insulares.
Pero la lista de cargos y empleos que sostenemos los contribuyentes es aproximada y crece exponencialmente: Desde los representantes en el Parlamento Europeo y las instituciones europeas, los diversos consejeros, los presidentes de entidades diversas, gerentes de empresas públicas, embajadores no de carrera, etc. Cientos y cientos de personas sin otro horizonte que un empleo público. La Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) calcula que, entre las diversas administraciones, la cifra de asesores rebasa la cifra de los 20.000. Lo escandaloso y amoral es que muchos de estos asesores, como los de Sánchez, tienen asignados sueldos fabulosos por encima de funcionarios de carrera, luego de reñidas oposiciones de verdad.
Aparte de ello, los currículos de la clase política son, como vemos estos días, un ejemplo imaginativo de mentiras consagradas. Las vías más frecuentes son aquellas contenidas en la fórmula “tiene estudios de…”. Lo usan personajes diversos tanto del PP como del PSOE y el independentismo. Pero el asunto se empeora, como en el caso de que la falsificación de un título o carrera se emplee para acceder a un empleo público, porque además perjudica a la persona que en situación de plena legalidad se ve desplazada por el que ha falseado sus méritos o capacidades, lo que, además, conlleva disponer de otros sujetos que avalan o facilitan que aquel consiga sus objetivos y se cuele en un puesto para el que no está preparado.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Fernando Ramos
Abundan los políticos cuyo único horizonte laboral es seguir en un cargo
Jaime Fernández Garrido
DESCUBRINDO A BIBLIA EN OURENSE
Despois da morte…
Rosendo Luis Fernández
PSOE y BNG rompen filas
Xose A. Perozo
PENSAR POR PENSAR
De Begoña Caamaño a Neira Vilas
Lo último