Fernando Ramos
Abundan los políticos cuyo único horizonte laboral es seguir en un cargo
Votad, votad malditos!, que después ya decidiremos nosotros. Tras el particular interés e interesado arte de llevar el pie derecho en el zapato izquierdo sin que salgan callos, arte llamado pacto electoral, ahora, a diez meses de las elecciones municipales, cada uno desea posicionarse por sí mismo y rompen filas. A los ciudadanos, a los vecinos, que les parta un rayo. Siempre ocurre igual, y siempre es jugar con el sufrido votante. Después nos quejamos o no entendemos la desafección de mucha gente con la política. Es lo habitual, sucede en la gran mayoría de las veces, cuando los partidos perdedores de la elecciones municipales -también ocurre en las supramunicipales- se arriman con el único objetivo de que no gobierne la formación más votada, la ganadora. Y se ponen mano a la obra; eso sí, tras un paripé de reuniones de despacho hasta evidenciar un acuerdo, pacto de salón con el objetivo de repartirse la gobernabilidad.
Estos días, y con la vista puesta en las elecciones municipales del próximo 23 de mayo, ya empezamos a contemplar los desplantes en forma de “rompan filas” para posicionarse como formaciones puras y castas, como si no hubiese sucedido nada, cara a los próximos comicios locales. Y comenzó un ayuntamiento importante, el de A Coruña, el mismo que allá en junio del año 2023, habiendo ganado las elecciones el Partido Popular, los socialistas y el BNG se “entienden” -cómo no, por el bien de la ciudad- llegando a un acuerdo para gobernar. Y le llaman “gobierno de progreso”. ¡Ah!, hace unos días llega el desacuerdo y rompen filas. ¿Explicaciones?: reproches por ambas partes, la culpa siempre es ajena, y esto hay que dejarlo claro.
Nos encontramos en pleno periodo vacacional, y estos tipos de rupturas siempre pasan más inadvertidos
La parte socialista -repito, de ese “gobierno de progreso”- reprocha a la nacionalista que “haya decidido, a menos de un año de las elecciones, que se quiera situar al lado del Partido Popular, es decir, en la oposición”. ¡No!, si la culpa aún la van a tener los populares. Por su parte, el rompedor, el BNG, se fue, explican, por “una situación insostenible, que está pagando la ciudadanía”. ¡Mecahis!, precisamente se dan cuenta y rompen cuando falta apenas un año, que anteriormente la situación nos la vendieron como proyecto sostenible. Lo dicho: ¡Votad, votad malditos!, que después ya decidiremos… hasta cuándo, cómo y los reproches defensivos.
Nos encontramos en pleno periodo vacacional, y estos tipos de rupturas siempre pasan más inadvertidos. Pero la veda se abrió y ahora cada formación ¡progresista! andará al sol que más caliente, deseando visibilizar su propio perfil por encima de mantener la estabilidad de los pactos y responsabilidad de gobierno hasta el final del mandato. De lo que se trata, como advertí al principio de estas letras, es de que no hayan salido callos durante el tiempo que han permanecido arrimados, para evitar la interferencia de podólogos políticos. Estamos delante de un tipo de fiesta y jolgorio político digno de un buen guion para un documental de Paco Martínez Soria.
Con tales triquiñuelas, lo que debemos saber los votantes es que esas formaciones políticas, autollamadas de progreso, aunque en campaña electoral son las que más hincapié hacen en el programa, a la hora de la verdad, cuando hay que aplicarlo, renuncian a buena parte de sus propuestas en aras de entenderse con el socio, que es lo que realmente interesa. Y así discurre el guion, cada cuatro años. Pero todo es susceptible de empeorar, como ocurre en la ciudad de Ourense. Aquí, cuando los números no dan, porque PSOE+BNG no alcanzan a configurar una mayoría, los reproches ya no son temporales, son constantes, y la casa queda sin gobierno o en las manos del que se tercie, con tal evidente debilidad que obliga a constantes saltos de mata. ¿Acaso en la ciudad de Ourense no estarían gobernando PSOE+BNG si en 2023 dieran los números? Ya ocurrió. Igual hoy, como en A Coruña, habrían roto filas por razones estratégicas del grupo. Veamos lo nuestro, lo cercano, como cercana es a los ciudadanos la política municipal, dándonos por enterados de que Ourense necesita certezas, evitar más experimentos que no conducen a ninguna parte. Refresquemos ideas, que en las ocurrencias estamos. Dejemos atrás las políticas que producen callos.
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