Manuel Baltar
War
CAMPO DO DESAFÍO
El rey Felipe VI, que lleva una larga temporada hablando el lenguaje claro de una monarquía constitucional moderna, ha abordado, en ocasión distendida, la relación de España con los pueblos indígenas americanos, en este caso concreto, los del actual México. Qué mejor que en la inauguración de una exposición con notables piezas arqueológicas precolombinas, en el corazón de Madrid, y acompañado por el nuevo embajador de la república mexicana. “Abusos y controversias” fue la calculada expresión del monarca español para recoger el guante, de voluntad provocadora y poco diplomática, lanzado reiteradamente por los últimos presidentes de aquel orgulloso y gran país hermano.
La política y el uso político de la historia ofrecen innumerables capítulos de reescritura y reinterpretación de las cosas del pasado, no tanto en función de la búsqueda de la verdad histórica como de su oportunidad. Las palabras de Felipe supieron recoger este importantísimo matiz para relativizar la polémica y poner la necesaria distancia a los abusos y controversias vividos hace cinco siglos. Es más, en esta reinterpretación contemporánea del pasado, que atribula a las antiguas potencias coloniales en la misma medida que ayuda a elaborar una historia más comprehensiva donde todas las partes puedan reconocerse, España no debe ocultar las primeras voces que clamaron por la defensa de los indios y su dignidad. Citar a los dominicos españoles, o castellanos, Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria como protodefensores de los indios es reconocer, en igual medida, los excesos e inhumanidades cometidas sobre estos, como la receptividad de la corona, desde Isabel y Fernando, para escuchar y atender estas denuncias, como así lo demuestran las sucesivas compilaciones de las Leyes de Indias desde las postrimerías del mismo siglo XV.
La política y el uso político de la historia ofrecen innumerables capítulos de reescritura y reinterpretación de las cosas del pasado
Esta percepción de los abusos cometidos contra los indígenas está ampliamente documentada desde los primeros años de la presencia española en Indias y más acá de la independencia, hasta la realidad de hoy mismo en México, donde Chiapas sigue siendo, casi como en tiempos de De las Casas, un sangrante ejemplo. Las controversias continúan entre ambas orillas como en el corazón mismo del debate interno -histórico, cultural y político-, tanto de México, basta con recordar al gigantesco Octavio Paz, como de la antigua metrópoli, desquiciada entre la leyenda negra y el infantilismo imperial imbuido desde el franquismo.
Por fortuna, la política colaborativa, las oportunidades comerciales y las dinámicas profundas de la cultura común, son expertas en la búsqueda de los canales para reconducir los desencuentros. En estos momentos, la pujanza de las relaciones económicas y culturales entre ambos países y la necesidad de reforzar alianzas desde la mutua confianza y colaboración, ayudarán a allanar los desencuentros sobre determinados aspectos de una historia compartida durante tres siglos.
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