Fernando Jáuregui
“Nosotros o el caos. El caos, el caos”, respondieron
La academia de Saturnino y Amador Villar Amor dejó un recuerdo imborrable en la ciudad, pero sobre todo en sus alumnos; en aquellas aulas no existían diferencias sociales, y a pesar de ser un centro privado, las cuestiones económicas no suponían ningún impedimento para que los chicos asistieran a las clases.
La fotografía que Montero realizó en 1906 muestra a los alumnos más jóvenes de la academia (existían al menos dos grupos por edad) posando con dos de los profesores ayudantes en la fachada del colegio, en la calle San Fernando, actualmente la Plaza del Eirociño (en el edificio que hoy ocupa su espacio está la chocolatería Cándido.)
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