Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
El cepillo de dientes
RECORTES
La costumbre puesta en práctica de utilizar siglas que caracteriza a las culturas anglosajonas ha acabado, como tantas otras cosas, irrumpiendo en la española y ahora se utilizan iniciales para cualquier cosa, especialmente en el mundo de la empresa, la economía y las finanzas. Se ha impuesto por ejemplo conocer como CEO al director general de una empresa. Naturalmente se trata de un acrónimo de origen británico que significa Chief Ejecutive Officer, un tratamiento que se ha extendido a otros muchos aspectos del ámbito empresarial incluyendo conocer a los jefes mediante las iniciales de su nombre y apellidos. El inglés es un idioma mucho más rápido y expeditivo que el nuestro, expresa en media carilla lo que para nosotros pasaría del folio, y resulta ideal para la inmediatez, la transmisión breve y vertiginosa de los conceptos y el propio carácter apremiante no solo de las órdenes sino de aquellos que las administran. Si un jefe se llama Juan López Ortega se dice que la orden parte de JLO, y si el mensaje proviene de la oficina de personal se dice que es DP quien la emite.
Mientras no hemos sabido que a este responsable máximo le acusa una subordinada de acoso sexual y laboral, intimidación, violación y otros muchos actos execrable
La última y probablemente vergonzosa fractura producida en el seno de la organización policial ha conseguido que todos nosotros conozcamos que hay una persona en la cúpula de mando a la que se conoce como DAO, es decir, Director Adjunto Operativo que esconde en realidad al policía que manda a todos los demás policías. Mientras no hemos sabido que a este responsable máximo le acusa una subordinada de acoso sexual y laboral, intimidación, violación y otros muchos actos execrables, no hemos tenido necesidad alguna de saber que existe un DAO. Pero al DAO le ha salido al paso una situación muy grave y otra casi igual de grave, al ministro que lo ha mantenido incluso haciendo trampa, cuando en el ámbito laboral administrado por él se conocían de lejos los hábitos del ciudadano y su costumbre de no tener cerrada la bragueta. Como suele ocurrir, a esta primera denuncia se están sumando las de otras mujeres a sus órdenes que ya se atreven a descubrir sus comportamientos y los tratos innobles que han padecido. Al DAO le han “dao”, y más que le van a dar si se demuestra todo lo que comienza a saberse y que antes era secreto, extorsión, miedo y amenaza.
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