Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
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VÍA DE SERVICIO
Entre la instrucción del caso Gürtel, que todavía colea con juicios sobre sus distintas ramas, y el surgimiento del “caso Koldo-Abalos-Cerdán”, en el lado del PSOE, ha habido una serie de “años valle” en los que la justicia ha tenido un protagonismo medido, hasta que se han precipitado las investigaciones sobre el entorno familiar de Pedro Sánchez, el fiscal general del estado y la amnistía de Carles Puigdemont, sin olvidar de que en el año recién estrenado también se juzgará el “caso Kitchen” con la intervención del exministro del Interior, Jorge Fernández Díez, para destruir la pruebas sobre la financiación ilegal, otra vez, del Partido Popular.
Al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez le va a tocar sufrir en el primer semestre del año, porque el primero en pasar por el banquillo será su secretario de organización, José Luis Ábalos, cuyas andanzas dice que desconocía a pesar de tenerlo sentado a la mesa del poder. Ábalos será juzgado por el Tribunal Supremo más rápidamente de lo que suponía, por un error en su estrategia de defensa. A efectos políticos, la importancia del juicio estriba en lo que diga sobre Pedro Sánchez y su acceso a la secretaría general del PSOE en la que lo acompañó. Hasta ahora, Ábalos se ha mantenido leal al partido en el que realizó sus tropelías y no ha realizado manifestaciones incómodas para La Moncloa, por más que el PP aspire a que vulnere la ley de la omertá. El próximo día 8 en la comisión de investigación del Senado del “caso Koldo” se podrá comprobar si mantiene la fidelidad a unas siglas o si busca su salvación individual, lo que ya hace con sus protestas sobre una investigación que considera plagada de irregularidades. Como en el caso del fiscal general del Estado es muy probable que el fallo ya se encuentre en proceso de elaboración.
Al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le va a tocar sufrir en el primer semestre del año
Comentar a estas alturas que los casos que afectan a dos familiares directos de Pedro Sánchez nunca hubieran debido ser sometidos a instrucción es un esfuerzo melancólico. El juez Juan Carlos Peinado abrió una causa contra Begoña Gómez tras la denuncia del sindicato ultraderechista Manos Limpias sustentada en unos recortes de prensa. La doctrina del Supremo, indica que no es un argumento suficiente para armar un proceso judicial. Pero lejos de reconvenirle se aceptó que la instrucción siguiera adelante y se fuera diversificando hasta imputar a Begoña Gómez de cinco supuestos delitos. Y otro tanto en el caso de su hermano, con nombre artístico David Azagra, acusado de enchufismo.
Un trabajo judicial fino será el que deba realizar el Tribunal Constitucional sobre la aplicación de la ley de amnistía al expresidente catalán, Carles Puigdemont. Si el tribunal de garantías tumba la imaginativa interpretación del delito de malversación realizada ad hoc por el Supremo, aquí se va a armar un Cristo, como se dice vulgarmente. Y por cierto, el partido que se considera el adalid del respeto institucional se niega afrontar la renovación correspondiente de cuatro magistrados del TC porque ahora no le conviene políticamente.
El único alivio judicial que encontraran los socialistas será el juicio de “Kitchen”, en la que el Ministerio del Interior bajo gobierno del PP se afanó en que desaparecieran los “papeles de Bárcenas” sobre su financiación ilegal, y las pagas que recibían los dirigentes “sobrecogedores”, entre los que se encontraba un ignoto Mariano Rajoy.
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