Jorge Vázquez
SENDA 0011
El trabajador aumentado por IA
Yo leí "Ada o el ardor" como tantos otros libros famosos, siendo demasiado chaval como para entenderlo. Fue lo que nos pasó a los de mi generación. Que de adolescentes, a mediados de los setenta, nos encontramos con cientos de libros majestuosos que habían estado prohibidos o habían sido impublicables antes, durante el franquismo, y en la "transición española" se publicaron todos de repente, en pocos meses. Cada día que entrábamos en una librería, y éramos unos críos, la mesa de novedades estaba atestada de maravillas imposibles. Así que los leímos, nos llenamos de ellos y nos volvimos locos.
La gran novela de Nabokov, de quien todos conocerán "Lolita", es, sin embargo, menos famosa y menos leída. La historia incestuosa de los hermanos Ada y Van no resulta fácil de digerir para cualquier lector. Según algunos críticos "Ada o el ardor" trata sobre la idea de que el Paraíso hay que buscarlo en la tierra y no en el cielo. No sé. Yo nunca la entendí muy bien. Eso sí, me fascinó.
Si teclea usted en Google "Ada o el ardor" le saldrá como primera entrada "Adiós al ardor de estómago", lo que no nos dice nada acerca de la novela del autor ruso, pero sí mucho sobre la precisión e inteligencia de internet.
Hoy, en España, tenemos nuestra propia Ada, una distinta a la de Nabokov, Ada Colau. Una chica guapa, inteligente y simpática, alcaldesa de Barcelona por mas señas y capaz de dejarnos, al menos a mi, tan fuera de combate como lo hizo la novela de Nabokov en su momento. O como lo haría hoy un batallón de artillería. Bueno, si he de ser sincero para dejarme fuera de combate hoy, a mi edad, ya no haría falta un batallón... bastaría con un soldadito raso.
Ada Colau confunde el antimilitarismo con el pacifismo; los símbolos con la realidad; la cortesía con el feminismo; a los amantes de las Harley Davidson y moteros en general los confunde con oficiales de la Gestapo, unos ángeles del infierno tatuados de esvásticas, dando por hecho además que todos los ciclistas del mundo son ángeles del cielo (!); y para rematar la faena, esta es una expresión taurina y yo como Ada estoy en contra de la fiesta de los toros, confunde los deseos con los sueños.
Con sus extraños sueños llenos de razón. Y el sueño de la razón produce monstruos, dijo alguien una vez a quién Ada seguramente no tiene en cuenta porque era de Zaragoza, una subprovincia madrileña que tenía que haber sido de Catalunya ¡qué demonios! Yo creo que esta Ada, que no tiene nada que ver con la de Nabokov, es el mismo personaje que el impresentable alcalde de Valladolid Javier León de la Riva, solo que en este caso en formato chica. Pero son las dos caras del mismo espejo. Uno es el perfecto reflejo de la otra y viceversa. ¡Qué pena, Ada! ¿No ves que te queríamos?
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