Miguel Michinel
TINTA DE VERANO
Adios ríos…
TINTA DE VERANO
Adios fontes. Todo gallego conoce el célebre verso inicial del poema de Rosalía, publicado en su obra cumbre Cantares Gallegos (1863). El lamento en primera persona de un campesino que se despide de lo que conoce. No de grandes monumentos, sino de la naturaleza más íntima: los ríos, las fuentes, los pájaros, los árboles y su humilde hogar. De ahí nace la morriña, esa mezcla de nostalgia, tristeza y un profundo apego a la tierra natal.
En efecto, Galicia es tierra de ríos y de fuentes. Y sí hay una ciudad paradigmática en ese punto es la nuestra, ciudad del agua, surcada por tres ríos (el Miño, el Barbaña y el Loña), cada uno de los cuales cumple un papel diferente en la geografía urbana y en el discurrir de nuestra propia vida. El primero, majestuoso e imponente, convertido en parque ciudadano; el segundo, más modesto y urbano; y el tercero, límite natural de la ciudad.
Y también destacan nuestras monumentales fuentes como, por ejemplo, la situada en la plaza del Hierro, probablemente la fuente artística más espectacular de todo el casco histórico. Fue construida en 1613 para el monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil y trasladada al centro de la ciudad en el siglo XIX. Su decoración está llena de simbolismo: sirenas en la base, cariátides, figuras de Eros y dos águilas coronando el conjunto.
Otra bien conocida es la fuente central de la plaza del Bispo Cesáreo, también llamada “Fonte da Alameda”. Se trata de una fuente barroca llegada del monasterio de Oseira. Durante mucho tiempo estuvo asociada a ese parque de la ciudad y posteriormente ocupó su ubicación actual. Una de las más elegantes, constituye el eje visual de esos jardines, salvo cuando es tapada por un horrendo árbol de luces en las fiestas de Navidad.
Nuestras fuentes forman casi un pequeño museo al aire libre de la escultura gallega.
Por supuesto, es imposible hablar de las fuentes de Ourense sin mencionar Las Burgas, aunque no se trate del mismo tipo ornamental, en el sentido clásico, del que venimos hablando. Es bien sabido que se trata de los manantiales termales que dieron origen a la ciudad, con aguas que emergen a temperaturas cercanas a los 60 °C. Desde época romana han sido el símbolo de Ourense y la razón por la que se nos conoce como la “ciudad del agua”.
Y, como no podía ser menos, en el centro del Parque de San Lázaro gran salón urbano del Ourense moderno destaca asimismo una monumental fuente barroca que también procede del monasterio de Oseira. Antes de llegar a su ubicación definitiva pasó por el Xardín do Posío, donde estuvo instalada tras la desamortización. Hoy es uno de los elementos más reconocibles del centro comercial y administrativo de la ciudad.
Quizás por eso, para compensar, la reciente reforma llevada a cabo en el Posío pretendió devolver al vecindario el antiguo esplendor que le fue arrebatado, ubicando un artefacto cuyo color indescriptible solo es comparable a la calidad de los materiales con los que está fabricado. De utilidad sin discusión, ese bebedero amarillento hace sentir morriña de la fuentecilla de piedra que en San Lázaro cumplía idéntica misión y que quizás siga por ahí.
Nuestras fuentes forman casi un pequeño museo al aire libre de la escultura gallega. No todas han de ser monumentales. Ni siquiera tienen por qué ser históricas, aunque el conjunto debería ser una muestra del buen gusto presente en esta ciudad del agua que lo es también de la moda. Pero, como sobre gustos y modas no hay nada escrito, en lugar de adios, cabe decir: hola fuentes. La nueva, la de la Motomami. La otra Rosalía.
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