Chicho Outeiriño
DEAMBULANDO
El sintecho que nunca volvió del frío
Una vez más la ignorancia y la estupidez han borrado huellas de la historia de la ciudad. Una grúa (gasto que pudieron ahorrarse) retiró de la fachada del edificio de la plaza Bispo Cesáreo las letras que indicaban que allí había estado la Farmacia y Droguería Román y Saco. Las letras eran discretas, bonitas, nos contaban una historia y no molestaban a nadie.
Las letras eran discretas, bonitas, nos contaban una historia y no molestaban a nadie.
El conocido como edificio Román fue construido por el empresario Modesto Fernández Román en 1910 con diseño del gran Vázquez Gulías, posiblemente autor de las dichosas letras. En ese edificio vivió el director de cine Tony Román y allí trabajó el padre de Elena Ochoa, esposa del arquitecto británico Norman Foster. El edificio, excepto el bajo comercial, fue adquirido hace unos años por la Fundación San Rosendo para dedicarlo a residencia de ancianos. Todos estos años allí siguieron las letras hasta el jueves.
En el local se instaló un restaurante, próximo a inaugurarse. Ni al propietario, ni al arquitecto o interiorista de la obra ni, por supuesto Patrimonio que, como es habitual, ni está ni se le espera, se les ocurrió respetar ese pequeño trozo de historia empresarial. También se destruyó el cristal biselado de las ventanas no menos bonitas. Es de desear que al menos hayan respetado una hermosa vidriera con motivo marino, que se conservaba en el interior. El mundo entero está lleno de negocios nuevos que respetaron las antiguas estructuras dándole así un atractivo más. Aquí tal cosa no es posible. Una pena y una estupidez innecesaria.
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