Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Muertos
CAMPO DO DESAFÍO
Salvo las excepciones a toda regla, la economía doméstica de los ourensanos nunca ha pecado de derrochona. Es proverbial el sentido del ahorro, del que el autoconsumo, el producto de casa o el mantenimiento del parque móvil más antiguo de España, son síntomas de una práctica que hunde sus raíces en las incertidumbres de las cosechas y otras servidumbres de un país rural esterilizado por el minifundio.
La Región de este pasado domingo ha ilustrado con cifras lo que todos imaginábamos. Ourense es ya la décima provincia de España con mayor ahorro per cápita. Nos preceden Lugo y los primos casi hermanos de Zamora, Burgos o Soria, además de las farturentas provincias vascas y Madrid. Es curiosa esta coincidencia entre ahorradores de la España rica y densamente poblada y los de la España vaciada, envejecida y a la cola en rentas contantes y sonantes. Los ricos ahorran por inercia, porque además de gastar sin necesidad de comprobar el saldo disponible, aún les sobra para engordar la cuenta corriente. Los otros, o sea, nosotros, que no somos pobres porque así lo confirma la estadística de los saldos bancarios, cultivamos un modo espartano de vida: consumo mínimo, autoconsumo de la huerta y los animales de casa y el milagro de lograr ahorrar de los sueldos y pensiones más bajos de España. Un estilo de vida en las antípodas del lujo que se respira en las calles de San Sebastián o Bilbao, no digamos en las resplandecientes avenidas del centro de Madrid, esas mismas que ahora se riegan con dólares latinoamericanos y parecen pavimentadas de diamantes.
El fenómeno del ahorro, con las diferencias que venimos señalando entre distintos territorios, es ya una práctica generalizada en España. Tanto es así, que se habla de “germanización” de los hogares españoles, cada vez más proclives a ahorrar en lugar de consumir. El ahorro es tan intenso que nos hemos situado a la cabeza de Europa. Todo esto tiene alguna excepción. Por ejemplo, la de los jóvenes que, angustiados por los alquileres, las pasan canutas para imaginar su definitiva emancipación. Dijo Churchill que el ahorro es una cosa muy hermosa especialmente cuando tus padres lo han hecho por ti. Y no solo se ahorra, en Ourense y España; también eludimos endeudarnos. La carestía de la vivienda y el recuerdo de la Gran Recesión de 2008, han acelerado el desapalancamiento de los hogares.
Tanta propensión al ahorro muestra otros rasgos menos amables: por ejemplo, la acreditada aversión al riesgo y el bajo emprendimiento. En consecuencia, nuestro dinero ocioso la banca lo redirige allí donde es demandado y resulta más productivo. Si siguen la pista, comprobarán que emigración laboral y ahora también nuestro ahorro, se canalizan hacia a los mismos territorios, doblemente afortunados.
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