Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Las verbenas del Posio
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
El otro día me preguntaron en un programa de radio -a propósito de mi 78 cumpleaños- qué recuerdo sentimental de mi juventud echaba más de menos, y me salió de modo natural los bailes y verbenas del Posío que con frecuencia amenizaban “Los Tamara” y donde, como saben, se inició el Festival del Miño. Estas verbenas fueron las sucesoras de los “bailes de trangallada” a los que se refiere Otero Pedrayo y que organizaba el Ayuntamiento. Aquellas verbenas estaban sujetas a un severo control del Gobierno Civil, que fijaba la hora de su terminación.
Lo mejor del Posío era la facilidad con que la gente se colaba, bien saltando la verja, pese a la vigilancia, o con ingenio, como unos que cogieron una escalera de Telefónica y entraron diciendo que iban a arreglar no sé qué. La comisión de fiestas cobraba entrada, que tampoco era gran cosa. Las entradas se compraban en la misma calle, delante de la entrada, labor que estaba a cargo -por ser ingresos municipales- de funcionarios de la depositaría del Ayuntamiento. Había verbenas especiales, como la dedicadas a los “Descensos del Miño en piragua” y otros eventos.
Ya he contado que el obispo Temiño, que se metía donde no debía, estuvo en contra de una verbena en honor a San Roque, por lo que el alcalde Ferrer Garrido suprimió el voto en la catedral y lo hizo en el Ayuntamiento. Como saben, este obispo trentino fue responsable de la separación de las fiesta civiles y religiosas durante el Corpus. Dice Jesús Cabrera -en un espléndido estudio sobre el particular- que la celebración de todo festejo popular muta lentamente con el paso del tiempo para adaptarse a los gustos de la sociedad de cada momento. En muchas ocasiones no se perciben estos cambios a simple vista y es cuando se echa la vista atrás cuando se ve lo que se ha incorporado y aquello se ha desaparecido.
Eso pasa con las verbenas del Posío que fueron en momento esperadas, como acontecimientos marcados en el calendario de las poblaciones, y que en el caso de Ourense rivalizaban con las de las fiestas de Santiago en El Puente, donde no era preciso pagar entrada. Los “bailes de trangallada” a los que alude Otero Pedrayo fueron antecedente de las verbenas. Los organizaba el Ayuntamiento con antelación y estaban sujetos a un riguroso reglamento.
Mientras en otras ciudades, sobre todo Andalucía, eran frecuentes las verbenas dedicadas a un santo, durante la época de Temiño eso dejó de ser posible. Rego Nieto contaba en sus memorias la serie de problemas que tuvo con el obispo Temiño, quien debía de creerse con jurisdicción civil para meterse en terrenos del ayuntamiento, hasta que le pararon los pies. Por otro lado, hasta avanzado el siglo XX no se recuperaron, salvo en la zona de la estación, las verbenas de barrio, que también las hubo.
Siempre me he preguntado si hoy tendría éxito la recuperación de aquella tradición ourensana, teniendo en cuenta que los chicos y chicas de aquellos años ya tenemos setenta o más. Pero quién sabe. Orquestas parecidas a las de entonces sigue habiendo y determinados ritmos no han pasado de moda.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Las verbenas del Posio
Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
No es un asunto menor
Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
Accidente del Yak-42
Roberto González
Jorge Bermello
Lo último