AKA Mini Ali, del Bronx a Ourense

Publicado: 26 abr 2026 - 06:32
La breaker Alicia Babarro, Mini Ali.
La breaker Alicia Babarro, Mini Ali.

En las primeras participaciones de los pupilos de Mutenroshi -Goku y Krilin- en el Gran Torneo de las Artes Marciales, el Maestro se disfrazó para impedir que los jóvenes ganasen el campeonato. Quería evitar que, siendo unos críos, se les subiese a la cabeza, demostrarles que el mundo es muy grande y que siempre hay uno mejor. Es, de un modo más elevado, lo que dice Kipling sobre la victoria y la derrota, dos impostores de una misma moneda. Es, de un modo más canchero, lo que dice Bielsa en uno de sus arrebatos: “el éxito es deformador, relaja, engaña; el fracaso es formativo, nos vuelve sólidos”.

En la casa de los Babarro González lo saben. Quizás porque el deporte corre por las arterias de su linaje ourensano. Hugo, progenitor, se bregó en ciclismo, natación y waterpolo. Isa, progenitora, ama el baile. Dos de sus tíos dominaron la escena local en baloncesto, Alejandro Alfonsín, y en piragüismo, Chelís. Su hermano Pablo, a hurtadillas, fue el primero en el breaking. Y de tal herencia hercúlea llegaron ellos. Teo, nadador, atleta y entusiasta del vóley. Alicia, nadadora, atleta, futbolista y, sobre todo, bgirl a tiempo completo.

Intervinieron para que Teo entrenase sin necesidad de exponerse y se llevaron a Alicia a Portugal para que, en un país con mayor cultura urbana, recibiese los correctivos que la obligasen a mantenerse alerta en la porfía

Hubo un tiempo en que no ganaban ni a las canicas. Por razones diferentes. Teo lo tenía todo para triunfar, pero rehuía la competición. Se deshacía cada vez que tenía que medir su calidad. Alicia, lo contrario. Como animal competitivo, arrasaba. Fue en ese momento en el que los padres tomaron cartas. Intervinieron para que Teo entrenase sin necesidad de exponerse y se llevaron a Alicia a Portugal para que, en un país con mayor cultura urbana, recibiese los correctivos que la obligasen a mantenerse alerta en la porfía. Dos formas tan opuestas como válidas de vivir el deporte.

El breakdance sorprendió a Alicia por serendipia. Quizás en un viaje al extranjero. Pero el flechazo prendió una llama inextinguible que abrasó a toda la familia. En la tablet doméstica solo se veía esa danza del Bronx y los berrinches eran por comenzar cuanto antes unas clases. Con 6 años empezó. Teo la acompañó en sus primeros pasos. Y ella ya se quedó para siempre. Las batallas, top rocks, footworks, power moves y freezes se convirtieron en dieta. Su vida cambió diametralmente. Su nombre, también.

Mini Ali comenzó a hacer breaking antes de que fuese breaking y por eso creció de la mano del breaking. En su afán, nunca renunció a nada. Ni al panorama tradicional, ni al federativo. Y una renacuaja enseñó a los más reacios que puedes bailar un cypher con el orgullo de un negro de los 70 y también acudir al circuito normativo para apañar puntos.

La cultura ha alimentado su alma. Las victorias oficiales, su caché. Sería absurdo reproducir la lista de méritos, tan larga como la de los visigodos. Pero tiene fácil resumen. Ha ganado tres veces seguidas el Nacional sub18 con 13, 14 y 15 años, siendo la última de ellas en categoría mixta, viene de hacer Top 8 en el mundial y esto solo acaba de empezar.

En el próximo noviembre, Mini Ali cumplirá su sueño de ir a unos Juegos Olímpicos. Por ahora de la Juventud. Pero tiene otros. Ganar la Red Bull BC One, en España y la mundial. También hay espacio para el altruismo. Quiere pulir sus propios diamantes como lo han hecho Puga y Caba con ella. “Each one, teach one”.

Porque una chica a la que le flipa el jazz y el funk, que toca la batería y el piano, que lo borda en los estudios y que resuelve cubos de Rubik, le han enseñado en casa que, más allá de los resultados, lo importante es el camino. Y así lo vive.

@jesusprietodeportes

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