Clara Vázquez Maldonado
DIARIO LEGAL
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TRIBUNA
Sostiene Aloysius que cada día nuestros pediatras están más preocupados por la salud mental de niños y adolescentes. A esta intranquilidad se suman además psicólogos y educadores. Maestros y profesores son los que más horas comparten al día con los futuros adultos.
Tal vez hace algunos años este tipo de cuestiones no suscitaban una atención preferente. Pero hoy en día han pasado a ocupar un lugar central en nuestra sociedad. Según recientes estadísticas, los casos de ansiedad, depresión, autolesiones, trastornos de la conducta e incluso intentos de suicidio son cada vez más frecuentes entre los menores de edad.
Por ello, los especialistas consideran que nuestra sociedad se está enfrentando ya a una auténtica emergencia sanitaria. En el ámbito de las urgencias pediátricas es donde más se están notando estos cambios, porque las consultas relacionadas con patologías psiquiátricas han ido disparando. Y no solamente nos referimos a cuadros de ansiedad, agresividad, intoxicaciones agudas por alcohol y otras drogas, sino también a las temidas consecuencias de los trastornos de la alimentación, una realidad cotidiana en muchos hospitales y centros de salud españoles.
Pero especialmente preocupantes son los datos sobre conductas suicidas. Los intentos autolíticos en menores de 14 años se incrementan en nuestro país un 22% cada año. Por si fuera poco, cada vez se diagnostican a edades más tempranas.
Y todo esto ¿por qué?. Los expertos barajan múltiples factores. Por una parte, el impacto de las redes sociales y el uso excesivo de los teléfonos móviles es una causa recurrente en los estudios especializados, demostrando que la exposición frecuente a redes sociales incrementa el riesgo de depresión, autolesiones y conductas de riesgo entre los adolescentes. Por otra parte, debemos sumar el ciberacoso, la presión social y la dificultad de muchos jóvenes para gestionar emocionalmente la frustración o la soledad.
También preocupa mucho el aumento de las adicciones y del consumo de alcohol en los más jóvenes. Los profesionales sanitarios nos enfrentamos a cuadros cada vez más graves, asociados a mezclas de sustancias y a problemas de salud mental vinculados a la dependencia digital.
Pero la respuesta no puede limitarse al ámbito sanitario. Reclamamos más prevención, educación emocional en las escuelas, apoyo psicológico accesible y una mayor implicación familiar. Detectar señales de alarma a tiempo resulta fundamental: cambios bruscos de comportamiento, aislamiento, irritabilidad persistente o pérdida de interés por actividades habituales pueden ser los indicadores de un sufrimiento emocional.
La salud mental de niños y adolescentes ya no es un asunto invisible. Escuchar, acompañar y actuar no es solo una recomendación médica. Es una necesidad social urgente. Y requiere el esfuerzo de todos.
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