Fernando Lusson
VÍA DE SERVICIO
Almaraz, y más
VÍA DE SERVICIO
Fue Felipe González quien calificó al entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como un “hombre de Estado”, cuando cedió a las presiones europeas en medio de la crisis de 2008 y acordó con el PP la reforma del artículo135 de la Constitución, que priorizaba el pago de la deuda exterior sobre cualquier otra inversión en los servicios públicos. Sin llegar tan lejos en el alcance de la reforma que ahora ha impulsado Pedro Sánchez al prolongar dos años la vida útil de la central nuclear de Almaraz, se supone que es una decisión dolorosa para él y sobre todo para sus socios de coalición, por cuanto el cierre nuclear se recogía en el programa electoral de su partido y en el pacto de gobierno con Sumar.
Cierto que cuando se fijó el calendario de cierre de las centrales nucleares a medida que alcanzaran el término de su vida útil no se había producido un apagón nacional de causas aún no debidamente explicadas, ni Donald Trump había desatado una guerra ilegal e incomprensible con Irán que ha alterado el comercio de hidrocarburos por el estrecho de Ormuz y ha provocado una crisis energética. No deja de ser curioso que quienes apostaron, desde posiciones conservadoras, por solicitar la continuidad de las centrales nucleares, a pesar de que tampoco queda claro quién asumirá los costes de su mantenimiento, lejos de alabar su cambio de criterio, incidan en que se trata de un nuevo incumplimiento de sus promesas. Ni cuando parece acertar, para una parte de la clase política, Pedro Sánchez atina. También es cierto que una vez más, desde La Moncloa, la política de comunicación vuelve a ser un desastre, la coordinación con sus socios es inexistente y una decisión de semejante calibre no se debate en el Congreso de los Diputados.
Que el cambio de estrategia respecto a la energía nuclear tenga como finalidad frenar los precios de la energía es una cuestión coyuntural frente al hecho de que, una vez más, el oligopolio eléctrico le ha doblado el brazo al Gobierno en su política energética. Tampoco se entiende porque Sánchez adopta una medida semejante en este momento. Almaraz fue un asunto central en las elecciones autonómicas extremeñas y le pasó factura al PSOE -junto con la inadecuación de su candidato-. Y, si como es previsible, el PP llega al Gobierno en las próximas elecciones generales, prorrogará la vida de todas las centrales que tienen el calendario de cierre pactado, como ya ha anunciado, y la escasa recuperación de electorado extremeño que puede reportarle esa decisión se contrarrestará de manera más acusada por quienes consideren que el PSOE ha vuelto a engañar a su electorado y se ha dejado ganar por las compañías eléctricas.
Sin una explicación más convincente que la de contener el precio de la energía, tomará más fuerza la posición de aquellos que consideran que la política energética del Gobierno está guiada más por principios ideológicos que por cuestiones técnicas, y todo el discurso sobre las energías renovables y las inversiones necesarias puede sufrir un duro varapalo con la perspectiva del mantenimiento de la vida útil de todas las centrales nucleares. El gran apagón del pasado año mostró la necesidad de garantizar un suministro estable de energía, pero a lo largo de los últimos meses han sido muchas las decisiones adoptadas para garantizar que no se vuelva a producir una situación semejante, y entre tanto las interconexiones con Francia para evitar ese tipo de problema siguen a paso lento.
En la Unión Europea se ha pasado del “nucleares no” a considerarla una energía limpia, a pesar del problema de los residuos que duran miles de años, y muchos países o se han arrepentido del cierre de sus centrales, como Alemania, o no dejan de instalar nuevas. Sin duda alguna las centrales nucleares son altamente seguras, y en el caso de Almaraz ha sido el Consejo de Seguridad Nuclear quien acaba de certificar, el mes de julio pasado, su capacidad para seguir funcionando. No obstante, no se debe olvidar que todas las centrales nucleares en un momento u otro se han visto obligadas a desconectarse de la red para resolver problemas de índole técnica de distinta gravedad que fueron resueltos, y para que así siga siendo es exigible a sus propietarias que no escatimen en seguridad.
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