José Ángel Vázquez Barquero
Envejecimiento demográfico y cambio climático
En el año 1960, hace 66 años en pleno movimiento pop, comenzó a venderse de forma legal en los Estados Unidos de América, no en España por supuesto, “la píldora”.
Este hecho ahora baladí, hay que contextualizarlo, fue una auténtica revolución en muchos aspectos y se usó como bandera de libertad al igual que la minifalda de mary Quant, en aquellos momentos en el que las corrientes sociológicas y las costumbres interpersonales evolucionaban a golpe de música, minifalda y política.
En Europa, la juventud se apoderaba de las calle, crecían movimientos contestatarios y políticos de primer orden.
En los laboratorios, los ensayos de Enovid, la primera píldora anticonceptiva hormonal, habían comenzado en 1956, 10 años antes.
Cuatro años más tarde, se convirtió en la primera píldora anticonceptiva a la venta en los Estados Unidos.
En unos pocos años, millones de mujeres estadounidenses estaban “tomando la píldora” y surgió un mercado completamente nuevo para las compañías farmacéuticas.
El ingeniero David Wagner ideó un dispensador pionero en forma de disco, con colores y gráficos brillantes.
Sin embargo, la composición de la píldora se revisó posteriormente porque el nivel de hormonas causaba múltiples efectos secundarios.
El ginecólogo belga Ferdinand Peeters recalibró la dosis y sacó en 1961 un producto novedoso, “Anovlar”. “Aun así, fue la marca Enovid la que llegó al mercado, implementando la dosis de Anovlar”.
Desde estos inicios, los niveles de hormonas se han ido adaptando continuamente para su optimización. La píldora actual contiene cinco veces menos estrógeno y diez veces menos progesterona que los primeros comprimidos.
Dado que la píldora anticonceptiva fue una de las primeras recetas destinadas a ciudadanos sanos, las compañías farmacéuticas pronto comenzaron a considerar diseños de envases que se asemejaran a un objeto cotidiano en lugar de a un medicamento.
El ingeniero David Wagner ideó un dispensador pionero en forma de disco, con colores y gráficos brillantes.
Además de servir como un “recordatorio” para ayudar a las mujeres a realizar un seguimiento de su régimen de píldoras, permitía llevar la píldora en el bolso de una manera discreta y elegante.
La idea de Wagner, que tenía la intención de ayudar a su esposa con su ingesta diaria de píldoras y evitar la “irritación y alguna que otra pelea marital”, fue adoptada poco después por la mayoría de las compañías farmacéuticas estadounidenses que vendían píldoras anticonceptivas.
Como curiosidad en esa época en España comenzaba el babyboom, y los turistas empezaron a llenar nuestras playas.
Pues ya que nos ponemos en hijos y costumbres ahí va un dicho relacionado.
“Meterse en camisa de once varas” tiene sus orígenes en la Edad Media, donde era costumbre al adoptar a un hijo, que el que iba a ser el padre adoptivo, lo metiera por la manga de una camisa muy amplia -de ahí la exagerada medida de once varas- y lo sacara por la cabeza, queriendo simbolizar con este recorrido un segundo parto.
Quien se metía en esta camisa iba a dar a una familia y un lugar que no eran los suyos, lo que a veces, como parece sugerir la frase, no salía del todo bien, sobre todo si el hijo adoptado era joven o ya un adulto.
La expresión, con el mismo significado, también existe actualmente en portugués, viene a expresar que: “Meterse en asuntos o problemas que uno no conoce, no le competen o que no le reportan ningún beneficio”.
P.D. La vara equivalía a 835 milímetros.
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