Amancio Ortega, filántropo

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 21 mar 2026 - 00:45
Opinión en La Región
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Para el común de los mortales, desde luego sí para mí, el mero enunciado del nombre Amancio Ortega está asociado al bling-bling de las monedas de oro corriendo por las calles comerciales de medio mundo hacia los ya repletos bolsillos de este señor con aspecto de jubilado discreto y opaco. Supongo que la obligada transparencia debida de las empresas cotizadas ha restado mucho misterio a las fortunas de estos magnates. Sin exageración, cada trimestre contable, cae sobre todos nosotros, los curiosos y consumidores, un aluvión de cifras de ventas, beneficios y compras inmobiliarias que serían la envidia del tío Gilito de nuestra infancia. Detrás de este gigante comercial, logístico y financiero, aparece el rey Midas, Amancio Ortega, intentando confundirse con el paisaje, sea en una instalación hípica del norte galaico o un horizonte de mástiles náuticos en el sur, a modo de pacífico cuadro de las lanzas.

La misión de la Fundación Amancio Ortega es la creación de una sociedad mejor, con especial atención a los más vulnerables

Que Ortega se haya consolidado como uno de los hombres más ricos del mundo habla de su tesón, visión de negocio, adecuada selección de equipos directivos y otras muchas cualidades, incluida una sucesión ejemplar, unidas en círculo virtuoso y que los mercados premian con largueza cada día, en cada tienda, en cada metro cuadrado de ladrillos puesto en el mercado global. Más allá de los informes financieros, siempre apabullantes, y la espuma social, sobriamente controlada, la Fundación Amancio Ortega aparece como de puntillas en los márgenes de los noticiarios. Creada en 2001, trabaja en dos grandes áreas: la educación y el bienestar social. Su misión es la creación de una sociedad mejor, con especial atención a los más vulnerables. Sabíamos de su esfuerzo en dotar a la sanidad pública española del equipamiento de última generación en todo lo relativo al diagnóstico y tratamiento del cáncer. Este objetivo, que a estas alturas parece ya alcanzado, se completa ahora con la creación de diez centros en España donde se aplicará el tratamiento de protonterapia para los cánceres infantiles o en localizaciones muy profundas de difícil acceso para las otras técnicas. Las comunidades autónomas construyen los centros, el Ministerio de Sanidad coordina la red, similar a la de trasplantes, y la Fundación Amancio Ortega adquiere los equipos tecnológicos, 28 millones de euros por unidad, en total 280 millones. El de Galicia, ubicado en Santiago de Compostela, es el más avanzado y se prevé que comience a tratar pacientes a finales de este mismo año. Le seguirán el de Valencia y Fuenlabrada, en Madrid.

La filantropía, actividad a la que todavía en España mantenemos bajo sospecha y no damos el reconocimiento debido, se debe medir en dinero, sí, pero sobre todo por la nobleza y ambición de sus fines. Los de Amancio Ortega merecen la mayor de las consideraciones.

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