Las amapolas, las flores que no puede apresurarse ni dominarse

JARDÍN

Basta tocar los petalos de una amapola para comprender que estamos frente a algo que no puede apresurarse ni dominarse

Publicado: 01 feb 2026 - 04:05
Poppies
Poppies

Ser florista no es solo trabajar con flores; es aprender a observar la vida desde otro ritmo. Mi oficio me ha enseñado que cada flor tiene su propio carácter, su propio tiempo y su manera particular de habitar el mundo. Algunas llegan con fuerza, se abren lentamente y permanecen. Otras, en cambio, aparecen casi en silencio y desaparecen antes de que podamos acostumbrarnos a ellas. Entre todas, hay una flor que siempre me invita a reflexionar: las poppies, o amapolas.

Las poppies no buscan protagonismo, pero lo consiguen sin esfuerzo. Sus pétalos finos, frágiles, casi etéreos, parecen hechos de papel delicado. Basta tocarlos para comprender que estamos frente a algo que no puede apresurarse ni dominarse. Son flores que exigen presencia y cuidado, pero, sobre todo, respeto por su naturaleza.

En el paisaje natural, las poppies anuncian la llegada de la primavera. Aparecen en campos abiertos, a la orilla de los caminos, entre hierbas que parecen insignificantes hasta que el rojo intenso de una amapola lo transforma todo. No siguen líneas perfectas ni patrones ordenados. Crecen libres, imprevisibles, recordándonos que la belleza no siempre responde a reglas estrictas.

Cuando las observo en el campo, siento que nos invitan a detenernos. A mirar con más atención. A dejar, por un momento, la prisa constante que gobierna nuestros días. Las poppies no duran mucho, y quizá por eso se vuelven inolvidables. Hay algo profundamente humano en esa brevedad.

En la floristería, trabajar con poppies es aceptar un desafío. No son flores fáciles. No están hechas para durar en un jarrón durante semanas ni para soportar largos traslados. Cada arreglo que las incluye es una pequeña lección de desapego. Como florista, sé que su belleza será intensa, pero breve. Y aun así, o precisamente por eso, las elijo.

Las poppies también cargan un fuerte simbolismo. A lo largo del tiempo, se han asociado con el recuerdo, el descanso y la memoria. Son flores que parecen hablar de lo que fue y de lo que ya no está, pero sin tristeza excesiva. Más bien, nos invitan a honrar los momentos vividos, incluso aquellos que pasaron rápido.

Vivimos en una cultura que valora lo permanente, lo resistente, lo que puede repetirse sin cambios. Las poppies van en otra dirección. Nos recuerdan que no todo lo valioso está hecho para durar, y que la fugacidad no le quita importancia a la experiencia. Al contrario: la intensifica.

Como florista, he aprendido que muchas veces mis clientes buscan flores que duren, que resistan, que “aguanten”. Y es comprensible. Pero también he visto cómo, al descubrir las poppies, algo cambia en su mirada. Entienden que hay bellezas que no se poseen, solo se disfrutan mientras están.

Cada vez que trabajo con ellas, me recuerdan por qué elegí este oficio. Porque las flores no solo decoran espacios; acompañan emociones, marcan momentos y cuentan historias. Las poppies, con su fragilidad y su intensidad, cuentan una historia que nunca pasa desapercibida.

Quizá por eso siguen fascinándonos generación tras generación. Porque en su corta vida nos muestran algo esencial: la belleza no necesita ser eterna para ser profunda. A veces, basta con estar presente, mirar con atención y dejarse tocar por lo que florece, aunque sea por un instante.

@achillea.flowers

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