Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
El ángulo inverso
Jueves, 15 de mayo
Se van muriendo mis colegas de la movida madrileña. Ahora Iñaki, el líder carismático de la banda Glutamato Ye-yé, aquella banda que marcó un gran escándalo “Todos lo negritos tienen hambre”, que puedes ver si pulsas la Edad de Oro de Paloma Chamorro.
Los Glutamato aparecieron allá en el 79, justo cuando Madrid se despertaba de los largos años durmientes del General. Entonces la ciudad era una explosión. Casi todo se concentraba en la plaza Dos de Mayo, en el corazón de Malasaña.
¡Cielo santo! Rondaban allí rockers, mods, yonkis, poetas regresados del Mayo del 68, filósofos contestatarios, músicos callejeros y jóvenes a la búsqueda del sueño de montar una banda de rock.
Pronto abrió Manuela un local que culturizó al barrio. Allí se instaló el gran García Calvo, el latinista que los miércoles nos convocaba para una tertulia donde había unas discusiones del carajo.
Cierto, ya no están muchos de los que protagonizaron la movida. Cielo santo, la propia banda Glutamato Ye-yé perdió a dos componentes, los hermanos Haro, hijos del gran escritor y crítico Eduardo Haro Tecglen, bueno, podemos incluir a Eduardo el otro hermano que también colaboró con la banda. Pero queda Patacho, un líder creativo e inteligente que trata de llevar adelante SEDA, algo similar a lo que es la SGAE.
Eduardo fue una leyenda de la movida, gran poeta y letrista que escribió algunos temas para la Orquesta Mondragón. Cierto, la parca se llevó a los que más amaban la libertad y a los más arriesgados. No olvidemos el club de los 27 que a principios de los 70, todos a la misma edad, fallecieron en circunstancias sórdidas y trágicas en los Estados Unidos.
Pero quiero escribir de mi querido Iñaki. Cuántas noches en los 80 abrevábamos hasta la madrugada en el Plástico. A su lado te sentías cobijado, siempre risas y a veces discusiones feroces. Iñaki tenía todas las cualidades para ser una estrella. Poseía magnetismo y su estilo excéntrico en escena cautivaba al personal.
Desinhibido, radical, punk y para mí valleinclanesco. Escribió un inquietante clásico del underground. “Todos los negritos tienen hambre…”. La canción termina con un desconcertante “pío, pío, pio”. Tenías que verlo en escena, con su bigote que imitaba al de Hitler. Con frecuencia el escenario se llenaba de botes de cerveza y otros objetos.
Cierto, un showman eléctrico. Allá en los 80 actuaron en la presentación del libro “Extraños en el escaparate “ en la sala Sol. Lo sorprendente era la presencia abundante de admiradoras.
(Escucho ahora el brillante tema de Topo “Y mis amigos dónde estarán”. / Una banda de chicos con un cigarro en la boca / arreglábamos el mundo a golpe de futbolín / y mis amigos con los que hice la revolución dónde estarán / en un tresillo se aplastarán. Un día me dijo tienes que ayudarme a redactar un nuevo manual de la guerrilla. Ya no podremos hacer aquella aventura que él había diseñado: “Sé ya el sitio justo, allá en la selva amazónica, donde habita un hombre ‘que lee el alma’, un chamán, él curará nuestro karma y nos sanará).
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