Esa anécdota

MUJERES

Publicado: 27 abr 2025 - 05:15
Opinión en La Región.
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Se cuenta que un músico muy famoso quiso hacer un experimento para medir la cultura musical de la gente. Así que se situó en una estación del metro de Madrid y se puso a tocar las obras clásicas más excelsas. Comprobó que la gente, los miles y miles de usuarios de ese medio de transporte, no se paraban a escuchar su virtuosismo y seguían su camino acelerado, excepto un niño que hizo alto unos instantes. La anécdota se hizo popular y la opinión general sentenció que los seres humanos que entraban y salían del lugar de los hechos, eran seres ignorantes e incultos, incapaces de tener el gusto exquisito que requería tal prueba. Excusamos decir que el aspecto físico del “medidor” era tan extravagante como el de los otros músicos que pululan por el suburbano en busca de unas monedas a cambio de su arte, que por cierto, los hay magníficos.

Pero para el que no, hay que cruzarla de parte a parte en autobús o en el metropolitano, trabajarla, patearla, pelearla. A veces, trasladarse en taxi, que cuesta un dinerito, o en el coche, que no es fácil dadas las restricciones

El caso es que al pronunciarse ante tal resultado de la prueba, nadie se paró a pensar, que se sepa, que la gran mayoría de todas esas almas que recorren diariamente kilómetros y kilómetros, cansadas y soñolientas, metidas en esos compartimentos metálicos, tienen sus problemas y algunos graves. Llegar a tiempo al trabajo, dejar a un hijo enfermo en casa, hacer las cuentas para llegar a fin de mes, enfermedades, dificultades sin cuento, miedos, buscar empleos, tener a alguien drogadicto en la familia, paro, en fin, la lucha diaria de la vida y la escasez de dinero, porque si no, no irían en metro sino en coche, y por la noche irían al Teatro Real a oír lo que les diera la gana. Es tan fácil opinar sobre los demás… Lo cierto es que esa gente va deprisa, no tiene tiempo, no les sobra. Madrid es una ciudad divertida, alegre, activa, con grandes oportunidades, acogedora, preciosa.

Una ciudad para disfrutar de sus grandes espectáculos de todo tipo y gustos, pero para quien puede hacerlo. Pero para el que no, hay que cruzarla de parte a parte en autobús o en el metropolitano, trabajarla, patearla, pelearla. A veces, trasladarse en taxi, que cuesta un dinerito, o en el coche, que no es fácil dadas las restricciones. La “prueba” no me sirve. A veces la gente obrera, no está para músicas, y menos para que la mire con lupa un “entomólogo” de pacotilla. Que quede la cosa para los sociólogos, si acaso. “Antón, Antón Pirulero, cada cual que atienda a su juego”, y se deje de poses. Hartazgo.

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