Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Otra mina en As Pontes
Aunque la mayoría de la gente hace sus propósitos en invierno, hay millones de españoles que a estas horas están formulando un triple objetivo de superación personal para estas vacaciones: “Este año madrugo, hago deporte y no salgo”. Elevadísimo ideal. Para que tales propósitos tengan éxito, es decir, fracasen, conviene tener en cuenta algunos aspectos que trataré de desgranar hoy en estos Usos y Costumbres del Verano.
PONER FECHA
La expresión “propósitos del verano” procede del latín “propositum”, que en español significa “ni de coña”. Si estás pensando en una fecha para empezar este plan tan ambicioso de vacaciones, mi consejo es que elijas una que sea realista, algo como el 3 de noviembre. Al situar el plazo tan lejos tendrás tiempo de sobra para pensar buenas excusas para no hacerlo. Por otra parte, cuando llegue, ya habrá pasado el verano, y ya no habrá ningún propósito que cumplir.
MADRUGAR
En 1912, el chino Xi Luego publicó su célebre obra “El arte de madrugar”. En 1913 murió. De sueño.
Su obra, por lo demás, es completamente intrascendente, supongo, porque está en chino y es un idioma que solo domino cuando se trata de interpretar los dibujos del manual de instrucciones del ventilador de AliExpress.
Hay gente que se propone madrugar en verano para aprovechar más el día. La principal diferencia con respecto a los que no lo hacen es que disfrutan en sus vacaciones de cosas como ir a desayunar a cafeterías que están cerradas, esquivar a zombis aún borrachos que regresan a casa al alba, o ir a la playa cuando todavía no ha llegado nadie, ni siquiera el sol. A la mayoría de las personas normales les gusta broncearse en vacaciones; a esos tipos en cambio les gusta tomar la niebla, que es algo que tiene increíbles beneficios para enfermedades como la artrosis.
La sabiduría popular no es nada favorable a los madrugones, pero sí hay un refrán muy conocido que alude a los increíbles beneficios de levantarse temprano. Creo que es el de “ante la duda, la más tetuda”.
HACER DEPORTE
Propósito de increíble éxito en estas fechas para los que se mueven en la horquilla de edad que va de los 40 a los 90 años, y que abandonan la ciudad para instalarse en cualquier rincón pintoresco de la España rural o costera. Esa gente suele levantarse temprano para hacer deporte, lo que constituye una doble sesión de tortura. Imagino que lo hacen porque a partir de ahí, todo lo que ocurra en el día debería ser notablemente mejor.
Con todo, como estudioso en el asunto, estoy en condiciones de confirmar que los tipos de deporte más practicados por el español medio son: correr detrás de la propia sombrilla en la playa, bailar con el cubata sobre el hombro en las verbenas, y discutir de política en el chiringuito.
NO SALIR
No salir es un propósito con increíbles beneficios para la salud de la economía personal. Pero es justo admitir que, para un español, renunciar a terrazas, bares y cañas en verano es objetivo elevadísimo y de muy difícil cumplimiento. Quienes lo consiguen, desde el punto de vista de la superación personal, están listos para ingresar en cualquier orden monástica de férrea disciplina, para participar en uno de esos maratones urbanos de decenas de kilómetros o incluso, en los casos más familiarizados con mortificaciones extremas, para leer las obras completas de Pedro Sánchez.
A menudo lo importante para cumplir el propósito de no salir es fabricar suficientes excusas lo bastante rápido y no ser demasiado exigente con uno mismo. Hay una canción muy buena de Sidonie que se ocupa específicamente de este asunto. Se llama “No salgo más” y dice así: “Esta noche no salgo / me va a dar un infarto / no salgo / es que estoy muy cansado / no salgo / tengo mucho trabajo / no salgo / una más y nos vamos / no salgo más, no salgo más”.
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