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Todavía bajo los efectos de la sacudida por la intervención norteamericana sobre Maduro y las condiciones impuestas para el inmediato futuro de Venezuela, se abren paso algunas reflexiones, políticas, que traslado a modo de apuntes de urgencia. La primera, sin duda, el principio inviolable de la soberanía residente en el conjunto de la sociedad venezolana para decidir, con entera libertad, sin tutelas, su futuro. Ni el contradictorio mantenimiento de un gobierno ilegítimo y ahora descabezado de su principal referente, ni la posible y natural adhesión de algunas capas sociales a la estabilización prometida por EEUU, después de décadas de degradación política, social y moral, podrían justificar el mantenimiento en el tiempo de esta anómala excepcionalidad. El conjunto de la sociedad venezolana, tanto la alineada con el chavismo, como la identificada con la oposición, está viviendo un forzado e injusto proceso de privación de su propia soberanía. Una situación indeseable e insostenible en el tiempo. La sociedad venezolana en su conjunto, encontrará más pronto que tarde los consensos básicos internos para hacer valer su derecho a autogobernarse sin injerencias extranjeras y en el pleno control de sus recursos.
La intervención de EEUU en Venezuela tendrá la paradójica virtud de despertar y unir fuerzas hasta ahora dormidas y dispersas
El golpe de fuerza ejecutado por los Estados Unidos ha sido posible por la profunda división de la sociedad venezolana, agravada tras el fraude electoral de 2024 y las severas limitaciones a las libertades políticas y de opinión. De la recomposición de la convivencia después del actual marasmo, tendrá que venir el nuevo proceso constituyente de la auténtica democracia venezolana y la recuperación plena de su soberanía. La UE y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) deben colaborar ya en ese horizonte.
En otra perspectiva, la intervención de EEUU en Venezuela tendrá la paradójica virtud de despertar y unir fuerzas hasta ahora dormidas y dispersas. En el ámbito norteamericano, las elecciones de mitad de mandato, en noviembre de este año, serán una oportunidad para medir el apoyo interno a las políticas trumpianas. En el exterior, la intervención en Venezuela, como antes la de Rusia en Ucrania, es un aviso en la línea de flotación de los partidos de la ultraderecha en Europa, tan apegados a sus respectivos soberanismos y tan escépticos con la construcción europea. Será difícil para ellos explicar sus reticencias con la UE como madrastra ordenancista y el silencio cómplice con el vasallaje bajo la bota de Rusia o Estados Unidos.
En última instancia, la Unión Europea saldrá reforzada de su defensa de la soberanía venezolana y de su oposición a la amenaza anexionista sobre Groenlandia. Será una Europa quizá de dos velocidades, pero los Estados centrales europeos, más Gran Bretaña, se verán incentivados, bajo riesgo existencial, a profundizar su entendimiento político, económico y también militar.
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