Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Las fanfarronadas han surtido efecto, y la Unión Europea se ha puesto la cofia de doncella, y se ha mostrado dispuesta a servir un aumento del 15% a todos los empresarios europeos. que exporten a EEUU (50% si se trata de productos relacionados con el hierro y el aluminio).
El acuerdo es tan injusto y humillante como necesario, porque tenemos una guerra en Europa -la de Ucrania- a pesar de que las tontas contemporáneas sigan diciendo lo que les gusta a ellas es la paz y la mantequilla, en lugar de las guerras y los tanques, como si los demás estuviéramos soñando con que nos llamaran a filas, con lo bien que se está disfrutando del permiso paterno y de las vacaciones.
Pero dejemos a las tontas contemporáneas que, como las moscas, no tienen remedio, y centrémonos en que, además, le tendremos que comprar al fanfarrón listo decenas de millones de euros en armamento, eso sí, sin aranceles: pagamos los europeos. Por si fuera poco, el próximo invierno -el calendario no se para- seguiremos dependiendo del gas ruso para entrar en calor, a pesar de que nos lo venda el enemigo, porque las centrales nucleares, que la UE está dispuesta a alargar y promover, no son toda la solución.
En España, por si fuera poco, las tontas contemporáneas y sus colegas tontos, quieren cerrar las centrales nucleares que existen, a pesar de que la UE las ha declarado como energía limpia, y confiar en la energía eólica y solar, que ya nos ha obsequiado con el Gran Apagón. Bueno, menos en la singular Cataluña, porque allí las centrales nucleares no tienen ningún residuo, gracias a que los menores migrantes no entran allí, y son repartidos por el resto de España, que no es singular, sino inmensamente gilipollas por dejarse.
Está claro que se trata de un acuerdo injusto y necesario, porque a base de hacer caso a las tontas de la paz gratis, estamos inermes ante una guerra actual, que nos va a costar mucho dinero por no estar preparados. Es lo que tiene obedecer a la estuìdez. ¡Ah! Y centrales nucleares, sólo en Cataluña. Eso es justicia para los gilipollas. O sea, casi todos nosotros.
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