Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
CRÓNICA PERSONAL
Arde España, medio territorio está sufriendo los estragos del fuego, y de nuevo la mayoría de los dirigentes políticos no están dando la talla. Falta altura de miras, sentido de la responsabilidad, y una mínima sensibilidad. Palabra que pronuncian con frecuencia quienes carecen de ella.
Mañueco tardó en regresar a Castilla y León desde las playas gaditanas, pero más pecado tiene Pedro Sánchez, que se ha tomado nada menos que tres semanas de vacaciones en La Mareta, cerrada a cal y canto para la información. No quiere que se filtre nada sobre sus visitantes y la vida de superlujo de la que disfruta con su familia y amigos. Que no nos vengan con que la lucha contra los incendios es competencia de los gobiernos regionales. Lo es, pero cuando la catástrofe es de tal magnitud, es el Gobierno nacional el que tiene que ponerse al frente de la lucha con todos los medios a su alcance. Incluido el Ejército, más allá del trabajo impecable de la UME, a la que hay que agradecer siempre su profesionalidad y cercanía. Al igual que a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y los bomberos.
Todos ellos saben responder cuando se les necesita, no hay vacaciones que valgan; aparecen voluntarios debajo de las piedras, dando ejemplo de generosidad y solidaridad. La que falta a tantos políticos. Algunos, en casos extremos, sacan lo peor de sí mismos como ocurre con el ministro Puente. El más ineficaz de un Gobierno que suma altos cargos ineficaces, sino también ejemplo de superficialidad, torpeza y falta de educación.
Arde España. Los españoles suman tragedias y catástrofes naturales, y este verano el fuego ha alcanzado proporciones nunca vistas hasta ahora, y eso que los últimos años han sufrido fuegos devastadores. Aún así, nadie de los que tienen responsabilidades de gobierno, se ha tomado con suficiente interés la lucha contra el fuego.
Los españoles suman tragedias y catástrofes naturales, y este verano el fuego ha alcanzado proporciones nunca vistas hasta ahora
Creo que fue Fraga el que dijo que la lucha contra el fuego se tiene que hacer en invierno. Tomar las medidas necesarias para limpiar los pastos, los montes y los bosques, mantener impecables los cortafuegos para que cumplan su función; concienciar a la gente para que evite los riesgos que pueden provocar los indeseados incendios y, más fundamental todavía, que los culpables sean castigados, como dice la ley. Un porcentaje alto de los incendios los provocan pirómanos o, aún peor, indeseables que por motivos económicos, buscan en el fuego beneficios o dar salida a sus más bajos instintos. Es inaudito que en esta España que arde desde hace años, pocos responsables han conocido las cárceles. Por no mencionar que tampoco se conocen casos de delincuentes obligados a pagar cuantiosas multas. Aunque lo peor es la pérdida de vidas, como ocurre estos días aciagos.
Los bomberos no cuentan con el personal y los medios necesarios, tampoco la Guardia Civil, ni las policías municipales, ni la Policía Nacional; es probable que tampoco las policías autonómicas, aunque seguro que cuentan con más efectivos que los cuerpos de seguridad del Estado. Hagamos un poco de demagogia: sobran asesores gubernamentales, sobran ministerios -se han desdoblado los anteriores para dar cabida a Sumar-, sobra el Falcon para todo, sobran vacaciones pagadas con el dinero de todos, y sobran políticos corruptos que se hacen de oro o colocan a sus afines en cargos públicos. Lo más grave, la escasez de medios para hacer frente a los grandes desafíos.
El fuego no solo está asolando España, pero en nuestro país se produce algo que no se advierte en países de nuestro entorno: desidia, encogimiento de hombros y, como primera medida, echar la cupa a otros, preferentemente al adversario político.
No nos merecemos este castigo, esta indiferencia institucional ante tan enorme tragedia.
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