El arte de la prudencia, Pepiño Blanco y Zapatero

Publicado: 29 may 2026 - 00:05
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En su célebre obra “El arte de la prudencia”, Baltasar Gracián dicta algunos consejos que parecieran haber sido inspiradas en los acontecimientos que estos días vivimos los españoles: “Los amigos deben ser elegidos con cuidado, pues que también hay que valerse de ellos. Aunque el ideal del sabio es bastarse a sí mismo, los amigos son como una segunda naturaleza. En cualquier caso, hay que ser selectivo y excluyente. Con los demás, en general, hay que tener especial precaución: la reputación depende de ellos, y por eso hay que evitar habladurías y rumores, así como ostentaciones”.

Pero dice más, ya señala que el éxito social depende de la ocupación: “Provocar la expectación es también una forma de control, y mucho más conocer el punto débil de los demás”. Y añade que, de cara a los demás, hay que actuar siempre con la sensación de transparencia y concluye: “Los otros pueden ser manejados apoyándose en distintas técnicas de persuasión y seducción a través de ocultaciones y medidas de aquello que conviene celar (o sea, encubrir algo que no se note o no se descubra) o mostrar”.

El problema de Zapatero es Zapatero, y se aloja en las hemerotecas, en las videotecas, en las redes sociales, en los actos electorales de partido donde era exhibido como una divisa, como un valor, como un ejemplo, pese a aquello que se escapó tras una entrevista de cámara diciendo que era preciso mantener la tensión, porque “nos favorece”

Una de las más burdas técnicas para el encubrimiento de los actos de Zapatero consiste en rebuscar y rebuscar todos aquellos casos equiparables de los anteriores presidentes. Si todos hacen lo mismo, ¿cuál la diferencia con un socialista?, ¿por qué unos salieron mejor parados?, ¿eran más listos, más cuidadosos, menos visibles? Pero lo más difícil es encuadrar esa misma conducta en el marco general, donde se ponía como divisa la diferencia, la honradez, el ejemplo, la solvencia. El problema de Zapatero es Zapatero, y se aloja en las hemerotecas, en las videotecas, en las redes sociales, en los actos electorales de partido donde era exhibido como una divisa, como un valor, como un ejemplo, pese a aquello que se escapó tras una entrevista de cámara diciendo que era preciso mantener la tensión, porque “nos favorece”.

En la crónica social de estos eventos va cayendo gente al baile. Y se muestra la eficacia y el éxito de otros, como el bachiller José Blanco, conocido popularmente como Pepiño, como quien, sin haber trabajado en vida, fuera elevado al rango de ministro de Fomento por el ahora causahabiente. Blanco es un fenómeno. Nunca pasó de primero de Derecho en la Universidad de Santiago, donde llegó a agotar las convocatorias. Siendo luego diputado europeo por el PSOE, su página era la única que no daba acceso, al contrario que el resto de los diputados, a su currículum, porque simplemente no existía desempeño laboral alguno, fuera de la política.

Su caso es un ejemplo, pero de tal naturaleza que el propio ex presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, dijera que “es un mal ejemplo para los jóvenes”. Fue otro notable secretario de Organización del PSOE, por donde tantos justiciables pasaron en los últimos tiempos. Para no haber pasado del bachillerato, Blanco es un paradigma en el arte de utilizar sus contactos de su vida anterior, a través de la entidad Acento Public Affairs, aparte de su plaza como consejero de Enagás. Y, además, con sólo el bachiller, puede llegar a asesor y experto en asuntos públicos en la delegación española en H/Advisors, la consultora global de comunicación, de la que fue socio fundador y en la que supo proyectar todos sus contactos de su época de ministro de Fomento con notable y reconocible éxito. Estamos ante un triunfador habilidoso que, pese a que no tiene otra carrera ni otra formación, se mueve como pez en el agua en comunicación estratégica en asuntos públicos.

¿Le hubiera ido mejor a Zapatero si hubiera contado con Pepiño? Por cierto que, en tiempos pasados, el expresidente ahora con problemas llegara a decir que, para él, tenerlo cerca era imprescindible. Ambos representan dos caras del mismo partido, fusionada en una sola, algo alejada de aquella definición de lo que es un socialista que dijera Zapatero. Cuando éste era presidente, en 2011 otorgó a Blanco la Real y Distinguida Orden de Carlos III. Esta es la máxima distinción civil española, otorgada a personas que han prestado servicios eminentes al Estado. Pero al otorgarse de modo rutinario a los que han sido ministros, su devaluación es evidente.

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