Aspirar a no gobernarse

COSAS QUE CONVIENEN

Publicado: 07 jun 2026 - 05:50
Aspirar a no gobernarse
Aspirar a no gobernarse | @txarka.ilustracion

1 Saberse vagabundo. Como cuando uno viaja en bicicleta y funda cada noche una ciudad al montar la tienda de campaña. Nadie se siente más despreocupado que el vagabundo, el ser más libre sobre la tierra, aquel que conoce la más intensa alegría de vivir, sin facturas ni horarios, hermano del colirrojo y la lagartija soleante.

2 Escapar del poder como de la infección. Hacerse inmune a la responsabilidad y decir no una y mil veces a toda oferta que lleve preocupación y vigilancia. Fuera obligaciones y cargas. Ni por todo el oro del mundo. No se trata de no necesitar, sino de no sentirse necesitado.

3 Pensar junto al arroyo. Y recibir al agua como a un buen y viejo amigo, más antiguo que la propia Tierra y que el Sol. Recordar que en estos lugares liminales y mágicos nos adentramos en nuestro propio misterio. Al igual que los antiguos, ir a la fuente al encuentro de dios.

4 Meterle ironía a la cosa. Reírse de lo que se desea y se sueña y darle a todo proyecto una dimensión diminuta. Atenuar eso que se quiere con buen sentido del humor, apoyados por la realidad misma, que es tozuda e inexplicable. Detectar dónde empieza el deseo y dónde el pensamiento podrido.

5 La sopita de la cena. Irnos a dormir ligeros después de una refección sencilla, de monje, sabiendo que la comida, aún siendo la más sólida de las alegrías, florece mejor en nosotros cuanto más prudente.

6 No pedir nada. Intentar soledad y respiración sin afectación ni gilipolleces. Procurar que el silencio de afuera desplace a los ruidos de adentro. Basta saber que la oración más hermosa es aquella que no desea nada. Las voces divinas hablan bajito.

7 Prestar atención. A las cosas buenas, a la palabra bien dicha, al zorzal que llama desde el afuera. Permitir que nos cautive lo bello y que nos sirva de ancla ante la seducción adictiva del tener y el envidiar. Practicar el estar enteramente aquí como la última resistencia.

8 Recibir al jazmín. Cuando alguno de sus brazos trepa por la barandilla y sube a la terraza para colonizarlo todo con sus florecitas blancas, que son nubecillas de ideas tiernas. Quedarse ahí, en esa alegría. Todo cabe en la flor del jazmín.

9 Celebrar la rutina. Pegarse a la repetición como un ortodoxo. Ningún día sin la infusión bien puesta, sin cantarle al gato su canción, sin el paseo breve y saludador de árboles crecientes. En cada cosita, la eternidad.

10 Rascarla a dos manos. Porque nadie ha conocido a sabio alguno que anduviera atareado y se jactara de ello. Más bien todo lo contrario. Aprendamos de aquel que sabe dormir buenas siestas. El gran maestro, antes que maestro, es un holgazán.

Contenido patrocinado

stats