Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Café con Amancio Ortega en Zara
DEAMBULANDO
Con un fortachón marinero de esos enrolados en la campaña del atún nos enrolamos en el pesquero puerto de Celeiro, que antaño Cillero como aun reza en el nombre de su varadero para reparación de chapa y pintado de barcos pesqueros, yates, veleros. El marinero cántabro nos cuenta cómo se desarrolla la campaña atunera en este septiembre de mareas vivas.
Todo este revuelo muy organizado y silente donde solo los motores encendidos de esa treintena de barcos dispuestos a hacerse a la mar, rompían el silencio
Los grandes bancos de atunes y bonitos viajan desde las Canarias bordeando las costas africanas y portuguesas hasta expandirse por las cantábricas a una distancia entre 30 y 40 millas, cuando son atrapados por estos grandes barcos pesqueros de características especiales para una captura que se hace a base de cañas, previo cebado de la zona para atraer a los túnidos hacia los anzuelos también cebados de una tripulación de fortachones que debe lidiar con ejemplares desde 3 kilos a los 30 o más, un oficio que moldea cuerpos más que un gimnasio, como nos dijo este marinero a la espera de la salida nocturna casi inminente, a juzgar por los preparativos que se hacían en los más de treinta barcos atuneros atracados de cuatro en fondo, donde los estanques de plástico con cebo vivo (bocartes y anchoas) se cuidaban en una selección en la que se iban desechando los menos ágiles que se echaban a la mar por la borda. Renacerán o no, eso no importa en ese cebo compartido entre embarcaciones donde todos a una se ayudan antes de partir hacia esos bancos atuneros.
Todo este revuelo muy organizado y silente donde solo los motores encendidos de esa treintena de barcos dispuestos a hacerse a la mar, rompían el silencio.
Atún o bonito apresado por toneladas por estas embarcaciones adaptadas en su proa afilada y como sobresaliente, y una popa alta con las bandas de babor y estribor casi a nivel de mar para permitir que los marineros lancen su cañas y ahorrar el esfuerzo que sería izar a los túnidos desde las bordas laterales de los clásicos pesqueros que por acá mucho frecuentan el Gran Sole, que no Sol.
Solo hace un par de años que vimos a estos atuneros por acá después de muchos años ausentes o al menos no coincidentes con mis costeras estancias. Atracan en un puerto que merlucero por excelencia, ignoro si a título gratuito, y creo que beneficio dejan a las poblaciones locales por las compras de bastimentos. Venden lo pescado o en las lonjas del Cantábrico o los remiten en camiones hacia las conserveras para ser enlatados, o para los mercados centrales de las grandes urbes. Imponentes atuneros éstos que matriculados en San Sabastián proceden en su mayor parte de Getaria, Berria, Hondarribia donde hay una tradición pesquera que viene de siglos y donde los fortachones vascos y cántabros son auxiliados por marinería de las costas africanas de Senegal, Mauritania, Costa de Marfil o Guinea, acaso formada de esos inmigrantes que un día arribaron a nuestras costas en patera y que, integrados, son un activo auxiliar para esas flotas, como en menor medida, los sudamericanos, refuerzo que acaso les permita seguir faenando.
La mar pareciere como una inagotable fuente al ver estos gigantes de la pesca y sobre todo esos arrastreros que tienden redes y capturan indiscriminadamente toda clase de seres vivos que en el océano se hallan. Un esquilme que hace pensar que la despensa será in eternum, aun a pesar de las vedas impuestas por los estados para favorecer la recuperación de la especies
A nuestra pregunta de si hombre al agua, diría que puede suceder cuando una presa, atún o bonito, tira inopinadamente.
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