Avia

TINTA DE VERANO

Publicado: 05 ago 2026 - 01:40
La Región

En 1833, cuando Javier de Burgos impulsó la organización provincial, España era un país de caminos de tierra, con comunicaciones lentas y economías locales casi autosuficientes. Cada municipio era un pequeño universo. En cambio, hoy las distancias se miden en minutos y los servicios públicos son más complejos. La cooperación entre administraciones ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad cotidiana.

La posible fusión entre Ribadavia y Carballeda de Avia ha reabierto un debate que, tarde o temprano, muchas comarcas gallegas deberán afrontar. No se trata únicamente de unir dos ayuntamientos, sino de preguntarse si un mapa municipal diseñado hace casi dos siglos sigue respondiendo a la realidad del siglo XXI. Porque las fronteras administrativas cambian mucho más despacio que la forma en que vivimos, trabajamos o nos desplazamos cada día.

Puede que la palabra “fusión” despierte recelos, porque nadie desea perder la historia de su municipio. Pero la identidad local no depende de un código en el Instituto Nacional de Estadística ni de la personalidad jurídica. Sigue existiendo, aunque cambie la estructura administrativa. Las parroquias, las fiestas patronales o el sentimiento de pertenencia sobreviven a decisiones mucho más profundas que una reorganización municipal.

Quienes rechazan cualquier integración suelen proponer fórmulas de cooperación menos ambiciosas, como convenios, mancomunidades o consorcios. Son instrumentos útiles y, en ocasiones, suficientes. Pero también presentan un claro límite: mientras cada ayuntamiento conserve su propia estructura política, seguirá habiendo intereses divergentes que exigirán una negociación permanente, ralentizando la consecución de los objetivos comunes.

La pregunta adecuada no es qué pierde cada municipio con una fusión, sino qué puede ganar su ciudadanía

La fusión ofrece una ventaja difícil de igualar, puesto que permite pensar el territorio como una única comunidad política. Ya no se trata de coordinar dos presupuestos, dos planes urbanísticos o dos estrategias turísticas, sino de elaborar un proyecto compartido. La energía que antes se dedicaba a armonizar administraciones puede orientarse ahora a impulsar el desarrollo económico o mejorar servicios. En suma: atraer oportunidades para toda la comarca.

Resulta significativo que muchas empresas hayan comprendido hace tiempo esta lógica. Cuando dos sociedades se fusionan no renuncian necesariamente a su identidad comercial, sino que buscan ganar dimensión para competir mejor. Aunque los municipios no son empresas, tampoco pueden ignorar que el cumplimiento eficiente de sus fines exige una escala que, en ocasiones, los límites históricos ya no proporcionan.

La pregunta adecuada no es qué pierde cada municipio con una fusión, sino qué puede ganar su ciudadanía. Si los vecinos reciben mejores servicios, una administración más eficiente y una mayor capacidad para defender los intereses de la comarca, el debate deja de girar alrededor de los despachos y pasa a centrarse en aquello que verdaderamente importa. Porque las instituciones existen para servir a las personas, no al revés.

Galicia enfrenta desde hace años el desafío de la despoblación y el envejecimiento. Afrontarlo requiere imaginación, pero también valentía para revisar estructuras que responden a otra época. Quizás, la posible unión entre Ribadavia y Carballeda de Avia debería verse, más que como la desaparición de dos municipios, como el nacimiento de una administración más fuerte. Porque, a veces, para preservar el futuro hay que atreverse a cambiar el pasado.

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