Sergio Otamendi
CRÓNICA INTERNACIONAL
Bachelet, a por todas en la ONU
CRÓNICA INTERNACIONAL
Michelle Bachelet, la carismática presidenta de Chile en dos ocasiones, socialista y primera mujer en alcanzar ese cargo, aspira a la secretaría general de la ONU, cargo que se decidirá en la Asamblea General de la ONU en septiembre. Previamente debe ser aprobado por el Consejo de Seguridad.
Bachelet cuenta con muchos puntos a su favor, por su prestigio, por ser mujer y por latinoamericana; siguiendo la tradición no escrita, la nueva secretaría general debe recaer en alguien latinoamericano. Pero la expresidenta se encuentra en una situación que dificulta sus posibilidades de convertirse en la sucesora de Antonio Guterres, su propio país ha retirado su candidatura.
Bachelet fue propuesta en febrero por el presidente Gabriel Boric, izquierdista, pero las elecciones que se celebraron semanas después dieron el triunfo al candidato de derechas José Antonio Kast y una de sus primeras decisiones fue precisamente esa retirada del apoyo a Bachelet. La versión del nuevo Gobierno ha sido que contaban con información que indicaba que personas muy influyentes en el proceso no apoyarían a Bachelet. Podrían estar refiriéndose a Trump, que efectivamente ha anunciado que no estaba a favor de la chilena pero aseguró que, por respeto a la expresidenta no apoyaría a ningún otro candidato. Que lo cumpla, solo Trump lo sabe.
Se le han puesto difíciles las cosas a Michelle Bachelet para liderar la ONU, en medio de la retirada del apoyo de su propio país y crecientes dudas sobre su candidatura
Hay otros tres candidatos más: Rebeca Grynspan, que fue vicepresidenta de Costa Rica y es secretaria general actual de la agencia de energía nuclear; el también alto cargo de la ONU Rafael Grossi, argentino, y el expresidente de Senegal Macky Sall. De ellos, es Gryspan la que cuenta con más posibilidades de ser elegida si Bachelet no logra sortear sus dificultades.
Se le han puesto difíciles las cosas. En primer lugar porque sus avalistas son Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, que provocan recelos en los gobernantes de centro y derecha. Pero el principal problema es que no solo no cuenta con el respaldo de su gobierno, sino que se ha descubierto que al menos dos funcionarios de la embajada de Chile ante la ONU trabajan para la candidatura de Bachelet, y los medios de su país han publicado varios correos que lo demuestran.
Si se confirman esas informaciones sería difícil que un organismo como la ONU, tan estricto con los comportamientos públicos -copiar en un examen supone expulsión inmediata del funcionariado- acepte como nueva secretaria general a una persona que se ha saltado normas de obligado cumplimiento.
En la ONU se sigue con el máximo interés el proceso de elección del nuevo secretario general. Siempre ha sido así, pero en esta ocasión es mayor de mayor importancia: le va a corresponder emprender reformas estructurales en la institución. El mundo ha cambiado extraordinariamente y en situaciones de guerra como las que se viven actualmente no se puede admitir que los árbitros del mundo sigan siendo los países que ganaron una guerra mundial que finalizó hace 60 años.
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