El baile y el contrato

DÍAS Y COPLAS

Publicado: 22 oct 2026 - 07:10

Nos faltaba el baile y llegó con roce, beso incluido y caderas. De Pedro Sánchez hemos visto la carta de amor, el balcón, el Peugeot y la reflexión de cinco días. En plena precampaña ha presentado giro de cintura queriendo hipnotizar a alguno. Está entre marca registrada “Trump dance” y Miquel Iceta con palmas al aire y sonrisa de fiesta casera de los 70.

Si Trump tiene su YMCA con el puño cerrado mientras golpea al aire y sacude las caderas, Sánchez tiene su coreografía del resistiré. Un pasito a la izquierda para contentar a Sumar, otro pasito a la derecha para guiñar al centro, vuelta completa para no pisar a Puigdemont y aplauso final mirando a cámara. Todo estudiado y presidencial. Es la nueva política del cuerpo. Antes se llevaba el mitin bronco y ahora se lleva el TikTok. No se convence con argumentos, se seduce con baile. El presidente, que ya nos confesó que está literalmente enamorado en aquella carta que parecía de Corín Tellado, ahora nos lo baila y besa para decirle al pueblo que está loquito por la madre de sus hijas, pero también enamorado del ciudadano que cierra los ojos al dejarse querer. Unos aplauden, otros se ríen, otros miran el móvil.

Bailar es lo que toca y Óscar Puente grita que el PSOE es el partido del amor y, sin quererlo, recuerda el historial de las saunas. Cuando ya no sabes qué carta escribir, bailas. Cuando la economía no cuadra, bailas. Cuando Europa mira raro, bailas. La política española se ha convertido en un gran baile de fin de curso y todos estamos en la pista, aunque no sepamos muy bien qué canción suena.

Mientras uno baila, el otro firma su “Contrato con España”

A la carta le siguió el silencio. Al silencio, la resistencia. A la resistencia, el baile. Que nadie diga que este presidente no tiene ritmo. Al baile se le antepone el contrato. En una esquina de la pista está Pedro Sánchez. Giro de cintura Donald Trump, aplauso coquetón y gracia de guateque para campaña electoral. En su carta de la red social X en abril de 2024, el presidente mostraba sus cartas sentimentales, ahora sube un peldaño y cotiza desinhibido bailando ese amor. Todo muy TikTok y besa a su mujer como si fuera a sí mismo, como ese enamorado que gusta de decírselo al pueblo con un te quiero público que sonroja a la rosa del PSOE.

En la otra escena Alberto Núñez Feijóo, con corbata y boli. Mientras uno baila, el otro firma su “Contrato con España”. Documento con 17 puntos y bandera nacional al pie de cada página. Letra para leer y compromisos numerados. Nada de cadera. Todo notario. Es el contraste perfecto de la precampaña española. Uno nos quiere seducir bailando. El otro nos quiere convencer firmando. Sánchez dice “baila conmigo” y Feijóo dice “firma conmigo”. Uno propone una noche loca de amor y resistencia, mientras el otro habla de compromiso y revisión anual. Uno es el guateque en la discoteca del pueblo con bola de espejos. El otro es la reunión en la notaría con el café templado. Y el votante no sabe si ponerse a bailar o a leer la letra pequeña.

A la carta aquella del presidente que parecía de Corín Tellado le ha seguido el baile y bailar es... inevitable. Pero mientras unos bailan, otros hacen cuentas. Mientras unos aplauden coquetones, otros sacan la calculadora. España entera está entre el ritmo y el contrato, entre el bailar es campaña y el firmar es un compromiso. A unos les baila el suelo y se mueven para equilibrarse, los dichos están entre ¡Otro que tal baila! y ¡Que me quiten lo bailao!

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