Juan M. Casares
CASTELLUM HONESTI
Trasalba; na memoria e no horizonte
Si algo he podido observar en todo este tiempo viendo baloncesto, desde que los jugadores dan sus primeros pasos en minibasket hasta los más formados junior, es que de un tiempo a esta parte y no sé muy bien por qué, se están perdiendo los auténticos valores formativos propios de la práctica deportiva.
Partiendo de la premisa que generalizar nunca es positivo, sí es cierto que cada vez son más los lunes que me escandalizo cuando veo los resultados de la jornada en ligas provinciales. Aunque el nivel de los equipos es muy variado, no es menos verdad que las "palizas deportivas" basadas en avasallar al rival hasta la extenuación, con defensas y ataques como si fuera la final de la Euroliga, perjudican al equipo que pierde pero también al que gana, que lejos de crecer se estanca en una zona de comodidad que se paga cuando la exigencia es real en fases de ascenso o partidos de verdadero nivel.
Por suerte en otra "liga" están los verdaderos entrenadores de formación, esos que son dignos en la victoria, ganadores silenciosos, muchas veces invisibles en cuanto a resultados pero que hacen que los pequeños vuelvan a casa con una sonrisa y cada vez más enamorados del deporte de la canasta. Ellos son el baloncesto.
Competitividad sí, pero con el conocimiento de saber que lo importante es formar adultos con valores y no a profesionales, porque aunque duela a muchos, la mayoría no vivirán de ello ni de lejos.
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