Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Esto fue como uno de esos días que te levantas con el pelo mal, “el bad hair day” que titula Javier Girela (GQ). “Es tu pelo, sí, pero no está como siempre”. No está en su sitio, está rebelde, está a su aire, sin atender a razones y dejándose llevar por la corriente. Mantienes, por buscar algo positivo, el ánimo porque piensas que ese desorden se superará y volverá a ser como siempre. Pero, en esta ocasión, no fue así. Y como “jode” ese mal día. Hasta el punto de crear un desarreglo que termina, pese a la voluntad, el esfuerzo - con el canario Javi López a la cabeza- por, a base de arrebatos, ajustar en mayor medida el marcador.
Pero lo realmente cierto es que los ourensanos en ningún momento se encontraron lo suficiente lúcidos, acomodados ni acondicionado su juego durante los 40 minutos.
Algún cambio táctico del Menorca, zona press o 2/3, pudo tener su influencia, incluso alguna decisión arbitral enfadó de lo suyo al Pazo, pero como bien dijo Bertolt Brecht, “muchos jueces son absolutamente incorruptibles; nadie puede inducirles a hacer justicia”. Pero más bien fue el verse “desarreglado” lo que terminó por molestar, incomodar, al conjunto ourensano.
Hasta el punto de ser incapaz de poner en juego “un balón de partido” -a falta de 4 segundos (77/79 en el marcador se tragaron un saque de banda- lo que hubiera solventado, cuando menos el marcador. Que al final es de lo que se trata.
Tropiezo, quizá (¿o no tanto?) inesperado, y es que los rivales ourensanos en esta competición, el que más y el que menos, está encontrando en la incorporación de nuevos jugadores, el acercarse a los puestos de honor donde se sitúa un COB que no lo va a tener nada fácil poder mantener esa posición tan codiciada dentro de la Primera FEB. Vamos a entenderlo como un error. ¿Y qué se hace con un error? Reconocerlo, admitirlo, aprender de él, olvidarlos. A veces se gana, a veces se pierde. Así es el baloncesto. Asi es la vida.
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