Jenaro Castro
TRAZADO HORIZONTAL
La bandera de España
TRAZADO HORIZONTAL
Una bandera gigante ondea en el circuito de Valdebebas de fórmula 1, en Madrid, donde este domingo se disputa el Gran Premio de España 45 años después. La bandera también ha predominado tras la invasión marroquí de Ceuta en las manifestaciones de apoyo al sentimiento español del pueblo ceutí. Es habitual que la bandera de España acompañe por ley a las autonómicas y la europea en los edificios e instituciones de las comunidades autónomas, salvo en el caso de Cataluña y País Vasco, donde se suele silbar el himno, se reniega de las selecciones españolas deportivas y es habitual quemar la enseña española junto con fotos del rey. La bandera es un signo de españolidad, de filiación nacional y, en cierta manera, de patriotismo y pertenencia que no debe politizarse. Ni la derecha ha de apropiarse de la bandera ni la izquierda debe despreciarla ni denigrarla por tratarse de un símbolo de identidad de la nación. La bandera es de todos, como la libertad, como los derechos y obligaciones que nos garantiza la Constitución.
Durante el desafío separatista del procés, los balcones de España se llenaron de banderas españolas en una defensa popular espontánea de la ley, la historia, la cultura, los valores y los ideales comunes de nuestro país. Y ese sentimiento de respeto a la bandera y el himno es algo que la mayoría de los países llevan a orgullo salvo en España, donde una final de la Copa de Rey de fútbol se convierte en un acto reivindicativo de rechazo a la nación por parte de una minoría excluyente que quiere imponer su credo sobre la mayoría.
En países como EEUU, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, México, Colombia, Brasil o Rusia hay un respeto reverencial por la bandera y el himno que forma parte de la vida cotidiana de la sociedad. A pesar del fracaso de PISA, desde los colegios hasta la universidad, desde lo privado a lo público, la bandera debe ser motivo de orgullo nacional y emblema patriótico. Es habitual ver una bandera de EEUU en la mayoría de las casas de aquel país, pero aquí en cuanto asoma la bandera española te llaman “facha” con la misma facilidad con la que el régimen sanchista favorece a Marruecos en detrimento de España, ideologiza la enseñanza o trufa el censo con la Ley de Nietos paralizada por el Supremo.
En el Mundial de Fútbol que ganó España recientemente, el deporte nos puso de acuerdo mayoritariamente sobre el valor de la bandera como orgullo colectivo, como estandarte de celebración general y respeto a un logro de conjunto que despertó las virtudes patrióticas de una sociedad resignada ante la desafección política. Es aceptable en democracia y por derecho que la identidad y el rol de cada persona sea libre de opinar y pensar como quiera, aunque seas periodista en la lista totalitaria de Interior. Pero la identidad social y colectiva como elemento que nos atañe a todos se materializa en la bandera, insignia cuyo significado nos representa como pueblo con un pasado, un presente y un futuro en común.
Este domingo 13 de septiembre, una bandera gigante de España ondea en el circuito de Madrid como distintivo del Gran Premio de Fórmula 1. No se trata de tamaño, ni tampoco de la exhibición de la enseña nacional contra nadie o a favor de alguien. Se trata de la expresión visual y real del Gran Premio de España sin los complejos habituales ni los usos y costumbres de quienes rechazan la identidad común de nuestro país. Es el pasaporte público intransferible del territorio y la nacionalidad del evento.
Este domingo 13 de septiembre, la bandera de España también ondea en Ceuta y en el corazón de todos los ceutíes como símbolo de identidad y pertenencia a España, como el DNI de un sentimiento de españolidad que ni las traiciones políticas ni los tratos espurios del poder corrupto con Marruecos podrán cambiar, sea a cambio de lo que sea. Siento decir que la bandera de España no es fruto de la internacional ultraderechista a la que el sanchismo culpa de todos sus males, como si un conjunto de poderes se hubiera encarnado en una plaga maligna que en realidad es un truco imaginario de ilusionismo con el que desviar la atención de la verdad, de la traición gubernamental en la ciudad de Ceuta y de la corrupción que acorrala al inventor de eslóganes y practicante pecaminoso de la propaganda populista inspirada en la falsedad.
En el Mundial de Fútbol que ganó España, el deporte nos puso de acuerdo sobre el valor de la bandera como orgullo colectivo
La rojigualda incluye el escudo de España que representa a los antiguos reinos de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, la dinastía de los Borbones con la flor de lis y las columnas de Hércules con el lema “Plus Ultra”, más allá de los límites sectarios. Data la enseña del reinado de Carlos III y es mucho más que una tela con los colores rojo y amarillo. Nos representa como ciudadanos y como nación, como pueblo que practica la democracia, el respeto, la convivencia en paz y la igualdad. Hoy ondea sin complejos. Y nuestra bandera merece un respeto.
Tras completar su formación militar, Leonor de Borbón comenzó esta semana sus clases en la Universidad Carlos III de Madrid. La princesa aplicada acudió al campus de Getafe con vaqueros anchos, bolso oscuro, camisa blanca y zapatillas deportivas cómodas también blancas. Leonor lució trenza de espiga y una sonrisa de oreja a oreja mientras su presencia causaba revuelo entre los alumnos de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas. La heredera de la Corona estudia el grado de Ciencias Políticas, de cuatro años de duración, y dio su primera clase en la asignatura de Derecho, que es lo que cursó su padre. Leonor dijo sentirse “con ganas”, mientras el sanchismo sigue retrasando la visita de Felipe VI a Ceuta y Melilla. La princesa aplicada acude a clase con escoltas de paisano y, según fuentes bien informadas, contravigilancia. Las clases son de 9 de la mañana a 14 horas, cada una de ellas de hora y media, siendo el jueves su día libre. La princesa Leonor será reina y dará continuidad a la Monarquía española en la línea de sucesión. Una garantía contemplada en la Constitución española que espanta tentaciones autócratas.
María Tardón investiga la invasión de Ceuta porque deduce que hubo intencionalidad de atentar contra el Estado por parte de Marruecos, aunque el DAO de la Guardia Civil ordenó borrar esa evidencia del informe de la Benemérita mientras la desclasificación fake de documentos desmiente al Gobierno y Marruecos da la misma versión de Moncloa. La Audiencia Nacional se ve competente para llegar hasta el final en el asalto a la ciudad española puesto que “como señaló el presidente se vulneró y violó la integridad territorial”. El sanchismo ya ha puesto en el punto de mira a Tardón, porque el recorrido judicial de esta traición es imprevisible y puede tener consecuencias inevitables para varios ministros y el propio Sánchez. Basándose en el informe policial del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras, la juez de la Audiencia Nacional considera que Marruecos actuó con “permisividad” e, incluso, con “una gestión favorecedora” durante la invasión de Ceuta. Los hechos investigados en este sumario secreto pueden perseguir delitos que comprometen la paz o la independencia del Estado, con el agravante de una conducta penal delictiva al registrarse más de 140 muertos.
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